Cirilo A. Salazar Morelos*
El pueblo de Yaonáhuac, es rico en historia, leyendas,
tradiciones y costumbres, así como en artesanías; su existencia data desde el
año 600 antes de nuestra era. Comprendía un extenso territorio que abarcaba los
municipios actuales de Yaonáhuac, Teteles de Ávila. Castillo, Atempan, Hueyapan
y parte de Tlatlauquitepec.
En el año
de 1480 fue conquistado por los aztecas, comandados por su tlatoani Itzcóatl, quien en
ese año inició la conquista de toda la parte norte y oriente de lo que hoy conforma
el estado de Puebla. Yaonáhuac fue un gran señorío que fue obligado a pagar un cuantioso
tributo, de acuerdo a lo que se producía en el campo y lo que tejían sus
habitantes. De acuerdo a su producción le fue asignado aportar cada mes: un senshiquipilli de xochiocotzot, es decir, ocho mil piñas o panes del árbol de ocote,
pero lo más difícil era entregar 20 piezas tejidas de lana, entre ellas. payojmej (chales), quexquemits (huipiles y cotones), pashas (fajas), así como de cueyitmej
(faldas).
Las xochiocotzot o piñas de ocote eran
usadas para encender fogatas y para proporcionar iluminación a sus templos, así
como entibiar las habitaciones de los sacerdotes del imperio azteca; los
chales, huipiles, cotones, fajas y faldas, eran usados por los sacerdotes y sus
esposas para cubrirse del frio en los días de invierno; cada mes pasaban a
recogerlos en el reino de Tetelictic, Tetetzalan o Tetelnepanolco los tamemes
conocidos como tamamajquej, es decir,
los hombres que cargaban todo el tributo recogido.
Por el año
de 1400 llega a Nanacatepec, procedentes de Tzicuilan, un gran número de
personas huyendo de la peste y se asientan en ese lugar o territorio del
imperio de Tetelictic, Tetelnepanolco o Tetetzalan, posteriormente denominado
Yaonáhuac; dichos ciudadanos procedían de tierra tropical, en donde se cultiva
el café, la naranja, la pimienta, el plátano, el chiltepín, entre otros
productos, además de maíz y frijol. Después
de haberse situado en esta parte, el tlatoani de Tetelictic fue avisado de la
presencia de estos extraños, por lo que manda a su ejército a someterlos para
ubicarlos más cerca, en una comunidad que se denominaba en ese entonces y en la
actualidad, Hueyapan y así tenerlos vigilados; una vez sometidos fueron
obligados a trabajar para el reino de Yaonáhuac.
Los varones tenían que recoger las piñas
de ocote y entregarlas al reino, mientras que a las mujeres se les enseñó a
tejer y bordar chales, fajas, huipiles, cotones, y enaguas; todas estas prendas
eran realizadas con lana pura. Estos hombres y mujeres estuvieron sometidos al
reino de Yaonáhuac, hasta el año de 1778.
El proceso
de confección de chales, huipiles, cotones, enaguas y fajas que desarrollan los
artesanos de Yaonáhuac, es el que se describe a continuación:
Trasquila del borrego.
Es el primer paso, que consiste en cortar la lana que cubre el cuerpo de un
borrego lo cual se realiza principalmente en los meses de primavera, debido al
buen clima que prevalece en esa estación, ya que esto evita que los animales
adquieran una enfermedad en la piel debido a la trasquilada.
Lavado de la lana.
La lana se lleva al rio, en donde se remoja en el agua, mientras las mujeres buscan
y arrancan unos camotes largos que reciben el nombre de ajmol, los cuales machacan con una piedra en medio de la lana, el
líquido que sueltan se usa como jabón para lavar, ya que producen mucha espuma
y un aceite natural que quita la suciedad. Una vez lavada la lana, se traslada
a la casa y ahí se extiende y se deja
secar.
Cardado.
Esto se hace con unos instrumentos que reciben el nombre de cardadores, en cuya
parte central se coloca la lana y se comienza a restregar, con el fin de que
quede desenredada y extendida.
Hilado.
Después de cardada la lana, se van tomando partes de la misma, se estira con
los dedos y se va enredando en un malacate, que tiene como base un cajete de
barro, el cual se va girando para obtener el hilo con el que se forma una
madeja.
Tejido. Para
este proceso los hilos se colocan en un urdidor, pero cuando se carece de éste,
se clavan varias estacas en la tierra y en ellas se colocan y reparten los
hilos. Una vez repartidos los hilos se
coloca un palo delgado de madera en cada extremo y a continuación, se le coloca
un hilo para sujetarlo a un árbol o a una estaca clavada en la tierra, en el
otro extremo se coloca el palo que lo sujeta, al cual se le enreda un hilo,
pero además la persona que va a tejer se coloca un mecapal en la cintura. Con
un tzotzopaxtle (instrumento de
madera que tiene la forma de una espada, con una parte gruesa y la otra
delgada) se va apretando el hilo de lana que se va colocando en los hilos ya
puestos en el telar de cintura, así sucesivamente hasta terminar el tejido.
Teñido de hilos y bordado. Para
este paso se hierven los hilos en una olla o cubeta, con algunas plantas de la
región que sirven para teñir: añil, tintura de cochinilla o quaquistle. Antiguamente para hervirlos se
hacían hoyos en la tierra llamados tenamaxtles.
El siguiente paso del proceso es realizar la decoración sobre el lienzo, para
lo cual en primer lugar se bordan las orillas de las prendas con grecas y con
punto de cruz o puntada antigua y en lo que resta del lienzo se le bordan
figuras de animales, santos y flores.
Amarrado de puntas.
Como a todas las prendas siempre les dejan punta, estas se amarran de manera
decorativa, torciéndolas manualmente hasta lograr un precioso adorno.
Las
primeras prendas que se confeccionaron en la época prehispánica eran del color
natural de la lana obtenida de los borregos, como blanco, café, negro y poshco (grisáceo), de acuerdo al color
del borrego que se hubiera trasquilado,
Con el
tiempo, los antiguos artesanos yaonahuences, por medio del intercambio
comercial que tenía el reino de Tetelictic con otras culturas, adquirieron e
intercambiaron colorantes, entre ellos añil y tintura de cochinilla para teñir
y dar coloración a sus prendas, hacerlas más preciosas y llamativas y darles
mayor realce, con los que lograron producir variedad de colores: negro, guinda,
azul marino, fiusha, rosa, entre otras combinaciones.
Decían los
habitantes del reino azteca en su lengua original heredada e impuesta a los
antiguos yaonahuences: ¿ton se payo? (¿qué es una tela de
lana?) A lo que los fabricantes contestaban: se payo yesqui se tasal tojmit
ton se mo huijcomia se quelpachogua se nipan huan con amo se sekui, cuya
traduccón significa en español: “un rebozo es una tela de lana que se envuelve
y dobla uno en la espalda para no tener frio”.
A continuación, se describe el tipo de
prendas elaboradas por los artesanos:
Payoj
o chal. Es un lienzo tejido de lana en forma
rectangular, en cuyos extremos se les dejan unas puntas de lana, las cuales se
amarran estéticamente para un mejor lucimiento, de la mujer que lo usa.
Cotón de mujer o
(sihuatl quexquemitl). Un cotón de mujer es una tela
de lana bordada con figuras de animales; actualmente el más característico y
que se comercializa mucho lleva un pavo real, pero también pueden adornarle
palomas, mariposas o flores, con grecas en las orillas. El largo de esta prenda
es de 1.60 m a 2.00 m, por 60 cm de ancho, dependiendo de la altura de la
persona que lo vaya a usar; todos llevan 17 centímetros de punta en cada lado y
en el centro tiene una abertura de 40 centímetros por donde se mete la cabeza y
deja libre hasta el cuello, cubriendo del frío la espalda y el frente. En la
época prehispánica las medidas que se usaban eran mucho menores a las actuales,
debido a la baja estatura de las mujeres, por ejemplo un cotón tenia de largo 8
jemes (aproximadamente 96 cm) y para las mujeres más altas tenían hasta 12 jemes
de largo. (Según la RAE, un jeme es la distancia
que hay entre la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado uno del
otro todo lo posible).
Cotón de hombre o (tagat
quexquemic), consiste en una tela de lana
de 1.70 a 2.00 m de largo, dependiendo del tamaño del hombre que lo vaya a usar
y también el terminado es con puntas, los cotones de hombre son muy poco usados
en la región, generalmente en la tela se borda un caballo, herradura o también
imágenes de santos, como la del patrón Santiago apóstol.
Huipil o quexquémitl.
Esta prenda romboide de lana es la más característica y usada propiamente por
las mujeres. La abertura para introducir la cabeza y permitir deslizarse hasta
el cuello es de 40 cm. La longitud que tiene la tela desde el cuello, pasando
por el hombro, brazo y cintura es de 50 cm; de pecho y de frente mide 73 cm. Las
medidas en la época prehispánica serian del cuello, brazo y hasta la cintura 3 jemes;
el frente, desde el cuello es de 4 jemes.
Pasha o faja. Es
una franja de lana tejida que mide 15 cm de ancho por 2 m de largo, la usan las
mujeres de la región para sujetar sus enaguas, también terminan en puntas. La
faja se enreda en la cintura y la punta se mete por debajo de lo enredado para
adquirir la presión necesaria.
Enaguas o faldas.
Están elaboradas con una tela de lana de forma rectangular, que mide 2 m de
largo por 80 cm de ancho, estas medidas varían de acuerdo a la complexión y
estatura de cada mujer, lo importante es que les tape hasta el tobillo. Estas
prendas no tienen puntas en la terminación.
Después de
la conquista por los españoles el 29 de agosto de 1519, los pueblos vecinos, herederos
de las enseñanzas del señorío de Tetelictic, Tetelnepanolco o Tetetzalan, poco
a poco quisieron desaparecer a Yaonáhuac, por envidias, apartándose de él,
creando nuevos municipios, apropiándose de sus textiles artesanales, dejando a
un lado al pueblo que les enseñó.
Hueyapan fue uno de los municipios que
buscaban su separación, debido a que la cabecera y el gobierno se encontraban
en el centro del municipio de Yaonáhuac, por lo que, en el año de 1768 el
representante de los indios naturales del pueblo de San Andrés Hueyapan
solicita mediante un escrito enviado al virrey de la Nueva España, Francisco de
la Croix, la separación del municipio de Yaonáhuac. Actualmente este oficio se
encuentra resguardado por el AGN (Archivo General de la Nación). En él, los
ciudadanos hueyapanenses de aquel entonces, obtuvieron una respuesta que fue
registrada en los archivos generales de la diócesis de San Juán de los Llanos,
ubicada en el municipio de Libres, Puebla, en dónde el virrey determina que “Si
no existe problema alguno en separar a esos dos pueblos quedando su
jurisdicción en San Juan de los Llanos y otorgándoles la facultad para que
anualmente elijan a su gobierno y determinando el pago de tributo para el
pueblo de la Nueva España”.
Entonces, el presbítero Tomás Moreno,
circunscrito en la diócesis de Santa María de la Asunción, perteneciente al
municipio de Tlatlauquitepec, a la cual correspondía el municipio de Yaonáhuac,
realizó un informe al virrey Francisco de la Croix, en el cual menciona acerca
de la situación de estos dos pueblos, describiendo la organización, que
consistía en alternar los gobiernos de los dos pueblos en un periodo anual. Es
decir, el territorio sería gobernado, un año por Yaonáhuac y al siguiente año
por Hueyapan, así sucesivamente. Este ordenamiento no fue cumplido quedando
solamente gobernado por el pueblo de Yaonáhuac.
Asimismo, menciona también lo siguiente: “Que están sujetos al gobierno de Santiago Yaonáhuac, y por este motivo padecen notables vejaciones”. Finalmente concluye que la separación no presenta ningún inconveniente, salvo por la cuestión tributaria, debido a que ambos pueblos se consideraban muy pobres. Hasta que el 3 de octubre de 1768, analizando los escritos presentados por las personas encargadas de informar al virrey y no encontrando motivos para rechazar la petición, se ordena la separación definitiva de ambos pueblos. Este acto fue muy difícil, porque se trataba de un territorio demasiado escabroso. La solución final del conflicto se llevó a cabo mediante una división territorial que atravesaba por las distintas zonas de ambos municipios, creando una línea divisoria que pasa por los puntos de: Tetelnepanolco, Texcalaco, Quiztepec, Coacalco, Ocotepeticpan, Carantla - Huitzontlan, Tlapactictetl, Las Cruces, San Miguel Mexcalcuauhtla, Tlamacayaxcanltzin, Tepextil, Coxoliapan, Ahuatepec, Teotlichan, Tlacotla Coacal, Xoconco, Hueital Xiucayotlan, Xiucayotlan, Yolotzinco, Xiuhcayucan, Mina, Apolatl y Mazatepec.
*Cronista de Yaonáhuac, miembro del Consejo de la Crónica del Estado de Puebla..
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
SALAZAR Morelos, Cirilo Apolinar (2019). Yaonáhuac ayer, hoy y siempre, su historia. Edición de autor. 360 pp.




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