Benjamín Portillo Muñoz*
Comúnmente leemos a otros fuera de nuestros horizontes y territorios; la formación desde afuera es el marco común de aprendizaje que nos constituye desde el inicio. Lograr pensarnos constituye una acción de compleja ejecución, porque implica observarnos frente a un reflejo tan claro que es difícil de matizar por lo familiar que nos resulta. Este texto surgió de un trabajo que compartí en el V Congreso Internacional de Etnohistoria en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, donde, al igual que yo, muchos otros compañeros se enfrentaron al difícil proceso de saberse y compartirse ante la academia a partir de sus historias, investigaciones que con profundo esmero realizamos desde dentro del corazón, desde el interior de nuestras comunidades, desde nuestro origen en las montañas y los manantiales.
En consecuencia, mi objetivo es explicar cómo las tensiones y acuerdos relacionados al manejo del agua han influido en la reconfiguración de creencias y prácticas religiosas sobre el agua en las comunidades de Ixtacamaxtitlán, municipio sureño de la Sierra Norte de Puebla; enfáticamente alrededor de la figura mítica de Topohui, una entidad sagrada para los nahuas de la región, símbolo de equilibrio con la naturaleza. Espero con el presente trabajo contribuir a un entendimiento más profundo de la compleja interacción entre lo social, lo político y lo espiritual de estas poblaciones serranas, además de generar una grieta de inmersión para exponer otras narrativas e imaginarios de nuestras comunidades, para repensarlas como agentes activos de cambio.
Acuerdos y disputas por el agua
La abundancia de agua en los alrededores de Tuligtic ha propiciado que a lo largo de generaciones, sus habitantes hayan optado por el uso comunitario de este recurso para riego y consumo familiar, una gestión compartida que fue formalizándose y separándose mediante la concesión de sus aguas a través de la solicitud de concesiones ante CONAGUA en 1977 y 1978 respectivamente, culminando con la fracción del pueblo de Tuligtic en 1993 debido a disputas vecinales, pero con la certeza de poseer legalidad ante el Estado sobre lo más valioso para ellos: el agua. No obstante, en este contexto de abundancia hídrica la característica distintiva compartida por nuestras comunidades de Zacatepec y Tuligtic es un profundo respeto y veneración hacia el agua, como fuente de vida, de manera que cada pueblo realiza su propia fiesta a este recurso, naciendo de una tradición común.
Fiesta del agua,
celebraciones enemistadas
Los manantiales que proveen de agua a dichas dos comunidades, dan vida a una fiesta de real importancia, tanto como la patronal tutelar de Tuligtic, dedicada a San Miguel Arcángel. Cada 3 de mayo, los habitantes de estos dos pueblos, agrupados por comunidad, se congregan en torno a los ameles (manantiales) para llevar a cabo una ceremonia de petición de aguas para el ciclo agrícola y de agradecimiento por lo recibido, llevando ofrendas de flores y limpiando cuidadosamente el espacio de los manantiales, siendo la misma comunidad quien se embarca en la tarea de limpiar tanto éstos como las cruces que yacen a sus pies. Es un acto de respeto que trasciende lo físico y simboliza la relación de reciprocidad entre las personas y el agua. En este proceso, los varones se involucran en faenas, mientras que las mujeres asumen la responsabilidad de preparar alimentos para consumir tras los festejos.
La jornada culmina con una misa oficiada en la tarde del 3 de mayo con la bendición de las cruces, que se pintan y decoran con flores. Los festejos se realizan dentro de los manantiales, en un escenario donde la serenidad del bosque se convierte en el telón de fondo perfecto para la liturgia donde se adora al agua, presentada en yuxtaposición por la cruz. Un notable aspecto de esta celebración es el profundo silencio que la envuelve; este mutismo es más que un simple respeto por la solemnidad del momento, es un esfuerzo consciente por no perturbar el espacio sagrado que están ocupando. El área de los manantiales es tan sagrado como una capilla.
Entidades sobrenaturales del agua entre los nahuas de Ixtacamaxtitlán
En otros escenarios, los humanos intervienen con entidades sobrenaturales; los más temidos por los pobladores son los duendes. Los duendes son aires que convergen dentro de nuestro mundo. Ellos tienen agencia sobre nosotros, pero raramente se les puede ver. Con el siguiente relato caracterizo a estas entidades propias de la cosmovisión de los nahuas ixtacamaxtitlecas:
Los duendes
parecen niños, pero no lo son, ellos
no pertenecen a nuestro mundo,
son aires y viven dentro de
la tierra. Siempre se visten muy elegantes, de marineros o charros, son muy parlanchines y traviesos, existen
duendes y duendas.
Algunas ocasiones bailan
y tocan instrumentos como
guitarras. Viven en lugares sólidos como peñas o barrancas, pero especialmente donde hay agua como en ríos o tanques. Su
habla es torpe, les gusta molestar a los grandes, jugar con los niños y
cortejar a las mujeres.
Pensemos en estas entidades sobrenaturales propias del agua, como los duendes, y su relación con las personas. Como señala Alfredo López Austin (2016), su composición es imperceptible para las personas en condiciones normales; su presencia depende del estado de vigilia de las personas, en momentos de vulnerabilidad como el sueño, el espanto o la menstruación para las mujeres, el cuerpo es sensible a la intromisión de fuerzas existentes en el entorno. Su agencia es aplicable sobre el mundo perceptible, con acciones que pueden ser captadas por las personas.
Los encuentros que pueden tener las personas con los duendes se agrupan bajo estructuras argumentativas que David Lorente titula 'lecciones'. Éstas se componen de distintos momentos: primero, alguien se acerca a un cuerpo de agua; luego, continúa con la perturbación del entorno sagrado que suponen los ameles. En este momento, los duendes causan 'mal de aire' al intruso y éste comienza a experimentar malestares. Al saber de la enfermedad, sus cercanos deben realizar un ritual de llamamiento porque su espíritu, su sombra, se ha quedado con los duendes. Finalmente, esperando la recuperación de la persona, se debe compensar a los duendes por los daños causados, disculpándose con ofrendas materiales como muñecos de trapo, comida o dulces.
En el proceso de curación se identifican cinco momentos cruciales; se recurre al siguiente elemento de auxilio en caso fallido del anterior. Primero, debe realizarse una limpia al enfermo; después, encerrar al enfermo porque de noche los duendes lo sacan de su casa; posteriormente se debe varear (golpear) la tierra donde viven los duendes para que le devuelvan el espíritu de la persona; también se le debe llamar gritando su nombre dentro de un cántaro para que el eco llegue a las profundidades de la tierra donde la esencia del afectado se encuentra encerrada; para evitar nuevos episodios catastróficos, se finaliza haciendo ofrendas a los señores del agua, las cuales consisten en objetos materiales como muñecos de trapo, dulces y juguetes.
Añado
a colación una de estas lecciones que es contada por los mayores a los niños de
la comunidad para evitar que perturben el agua:
Había una niña que
salía junto a sus hermanos a diario, mientras ellos pastoreaban el ganado ella se divertía
en un río con una pequeña caída
de agua, ella entró ahí y se encontró
con el lugar donde viven los duendes. La invitaron a jugar, ella accedió y su
espíritu quedó ligado al agua, enfermando gravemente. A pesar de los
intentos de los padres para salvarla con ofrendas y llamados, los duendes
finalmente se la llevaron a su morada subterránea, dentro del Miquixochio.
Como vemos, este contexto provoca que las personas siempre estén alerta en una zona serrana llena de riachuelos, manantiales y represas; así se previenen malas acciones hacia el agua y esto motiva su conservación. Aunque tristemente no siempre ocurre así y aunque existen ciertas medidas precautorias y una fiesta dedicada al agua pidiendo su abundancia mediante ritos y festejos calendáricos, hay un elemento de la cosmovisión nahua en Ixtacamaxtitlán que se va difuminando en la memoria: la existencia de Topohui. Es una criatura cosmogónica de suma importancia para la población de Tuligtic. Este mito persiste dentro de los habitantes de la comunidad:
En los manantiales de
La Ermita, en Tuligtic, existió una criatura, como un animalito muy bonito de colores, una mezcla entre lagarto y
pez que se encargaba de cuidar el agua. Era muy anciano, decían que él había
traído el agua aquí desde el inicio de los tiempos, nadie sabe cuándo llegó ni
de dónde, era muy pacífico y protegía las aguas, como un guardián. Solamente
algunas personas podían hablar con él, otros le tenían miedo, pero especialmente mucho respeto, nadie lo
molestaba y vivía tranquilo dentro de los manantiales. Pero un día se fue y
nunca más volvió, se auguraba que cuando esto pasara, el agua se volvería escasa y así ha
ocurrido, desde su partida ha disminuido mucho
el agua que brota del Miquixochio.
Con la partida de Topohui, el flujo de agua comenzó
La presencia de esta misteriosa criatura es tan antigua como los propios manantiales, aunque los habitantes de la comunidad no pueden precisar cuándo llegó a este lugar ni cuál era su verdadero origen. Se le atribuye a Topohui la llegada del agua al mundo, además de un carácter sereno y pacífico como un viejo cuya labor era la de proteger y preservar las aguas que emanaban de las profundidades de la tierra. Topohui adoptaba un papel paternalista de protección, siendo considerada la montaña Miquixohio (donde vivía) como una madre que es dadora de vida y proveedora de agua.
Lo que hace aún más enigmática a esta criatura es la limitada comunicación que sostenía con las personas, solo algunos privilegiados con el don de entender su lenguaje podían entablar un diálogo con Topohui. Para otros, su presencia evocaba un sentimiento de temor, aunque predominaba sobre todo un profundo respeto hacia este singular ser. Nadie se atrevía a perturbar la paz de los manantiales ni a cuestionar su autoridad sobre el agua que custodiaba con celo. Vivía en armonía con el entorno, su presencia era constante entre las rocas de los manantiales, saliendo a veces de día y refugiándose dentro de las aguas la mayor parte del tiempo, las personas narran que bajo los rayos del sol sus escamas eran preciosas, de muchos colores y brillaban tanto como el mismo sol.
Sin embargo, un fatídico día, esta criatura decidió emprender su partida, dejando atrás un profundo misterio e incertidumbre. Según cuenta la historia, con su marcha, el flujo de agua comenzó a disminuir de manera preocupante. Desde entonces, la comunidad ha enfrentado un desafío constante: la reducción continua de los caudales emanados del Miquixochio, una manifestación tangible de la profunda conexión entre esta criatura con el agua, quien se fue por el mal trato que daban los hombres a la naturaleza.
Ahora bien, podemos caracterizar a este mito de Topohui a partir de puntos centrales, Jaime Echevería (2020) propone elementos nucleares para esta comprensión, partiendo de su narrativa simbólica que posibilita una explicación cosmogónica sobre el origen de las cosas del mundo, en este caso particular el origen del agua, este mito posee una función moralizante al transmitir normas que dan cohesión social, pues se esclarece la importancia del cuidado del agua a partir de la figura de esta entidad sagrada, que a pesar del paso del tiempo mantiene validez ante la comunidad y se conserva en la memoria.
Topohui legitimó su autoridad simbólica ante las poblaciones, su idea permitió establecer mecanismos comunes de comportamiento en los manantiales como espacios sagrados, la vigencia que mantuvo al transcurso de los años refleja que el cuidado del agua es una preocupación determinante para la comunidad. Para los habitantes de Tuligtic, la partida de Topohui marcó un cambio drástico en su entorno y sus entramados con la naturaleza, las tierras que antes se caracterizaban por su fertilidad se volvieron más secas y el flujo de agua de los manantiales disminuyó notablemente. Esta transformación fue interpretada por la comunidad como una señal de la molestia y castigo de Topohui hacia los seres humanos.
*Estudiante de la licenciatura en Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP y cronista del municipio de Ixtacamaxtitlán, Puebla.
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Ixtacamaxtitlán, Estado de Puebla. Diario Oficial de la Federación. https://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4691026&fecha=10/03/1978&print=true




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