lunes, 28 de octubre de 2024

LA CELEBRACION DEL DÍA DE MUERTOS EN XOCHITLAN DE VICENTE SUAREZ

 

Altar de muertos en Hueyapan. Fruta, alimentos, veladoras, incienso e imágenes
de santos, son algunos de los elementos que componen la ofrenda. Foto: Isaura Cecilia García.

Amelia Domínguez Mendoza* 

El Día de Muertos o de Todos Santos, se celebra en todo el país y particularmente en las poblaciones del estado de Puebla en una combinación sincrética de elementos religiosos y de la concepción popular. El municipio de Xochitlán de Vicente Suárez, ubicado en la parte nororiental de la Sierra Norte, cuya cabecera municipal tiene una población de alrededor de 3 mil habitantes, 90 por ciento indígena de habla náhuatl, ha conservado esta tradición durante generaciones. Sus habitantes dedican varios días a esta celebración, del 28 de octubre al 2 de noviembre, no obstante, los preparativos se realizan con mucha anticipación, pues se invierten muchos recursos para llevar a cabo el festejo para los familiares difuntos, tanto en los alimentos que se preparan para la ofrenda, como en flores, velas, veladoras, incienso y otros elementos de ornato para el altar de muertos que se coloca al interior de las casas.

          Las ofrendas tienen un papel fundamental dentro de la organización religiosa tradicional, debido a que todo el periodo de la fiesta de muertos se realiza alrededor de la ofrenda, que se va a colocar en el altar familiar, que es “la representación micro de todas las fuerzas cosmogónicas del mundo indígena y cristiano” (Juárez 1999: 120-129) en él confluyen imágenes y objetos rituales que representan la devoción a los santos a cuya protección se acogen los pobladores.

            En el altar se colocan todos los alimentos, en cuya variedad no sólo están los platillos de temporada, sino también los cotidianos, como frijoles, tortillas, platos con sal y chiles verdes. No puede faltar el aguardiente o alcohol de caña, bebida ritual más importante dentro de la tradición nahua, también considerado como la bebida predilecta de los indígenas difuntos. Otras bebidas que se suelen colocar en el altar es el café negro y el atole o chocolate, junto con los tamales, mole, pan, fruta y un vaso con agua. Cabe destacar que el agua tiene  un significado muy importante,  pues  viene desde la época  prehispánica cuando “le ponían entre los vestidos un jarro de agua para que bebiese en el camino a la otra vida…” (Rovelo 1980, 182-183).

         Otros elementos que se colocan en el altar son los retratos del o los finados, los instrumentos de labor que utilizó en vida, prendas de vestir u objetos apreciados de su ajuar; si se trata de niños se colocan sus juguetes.


Ofrenda de Día de muertos en Pahuatlán, en la sierra norte de Puebla. Foto: Isaura Cecilia García.

Los altares van enmarcados al frente por dos palos verticales en los extremos llamados xochiquáhuitl y uno horizontal encima de los anteriores llamado xochihuepan, los cuales van adornados con flores de cempoalxóchitl y otras flores locales. Los altares encierran el espacio donde están las imágenes de los santos y los objetos del difunto que evocan la venida del ánima. Para darles la bienvenida se hacen veredas con pétalos de cempoalxóchitl que indican el camino que han de seguir para llegar al altar doméstico. Estos caminos son notables en su extensión pues atraviesan los solares hasta las plantaciones de café y pueden alcanzar distancias mayores a los diez metros.

Para entender las concepciones del origen prehispánico sobre las costumbres de los días de muertos que conservan los indígenas contemporáneos, Paul Westheim (1985: 41-44) señala que la ofrenda tiene como finalidad complacer a los difuntos que se encuentran solos en el más allá, sentenciándolos a que después de que se hayan agasajado de la ofrenda de la familia, no regresen a molestar a sus familiares, o en su defecto, no les provoquen una enfermedad.

“La ofrenda de muertos es un ritual de comensalidad y de intercambio de dones con los antepasados, quienes van a procurar interceder por sus familiares en el otro mundo y proteger a los vivos” (Juárez 1995: 144-147). Tiene la función de intermediar entre los hombres y las divinidades, representan el intercambio de dones, “está asociada a destinatarios de diferente naturaleza según las peticiones… Implica pues formas de súplicas y de ofrendas diferentes entre sí” (Signorini y Lupo 1989: 90).

Durante todo el periodo ritual, del 28 de octubre al 2 de noviembre, en la población se escuchan los estruendos de los cohetes, en particular durante la noche, acción que le aporta un aspecto festivo y simbólico cuya finalidad se hace patente el día 2, cuando se queman los últimos cohetes para ahuyentar a las ánimas que aún anden vagando por los caminos.

 

Ofrenda en Pahuatlán. Generalmente, en la parte central del altar se coloca la fotografía del
familiar fallecido en cuyo honor se coloca la ofrenda. La profusión de flores de 
cempoalxóchitl le otorgan un especial colorido. Foto: Isaura Cecilia García.

El día 28 de octubre se lleva a cabo una misa por los que murieron en accidente; el 29 se recibe a quienes murieron ahogados o quemados; el 30 se celebra una misa a quienes sufrieron muerte violenta y a las ánimas solas, que no tienen familiares que los reciban; el día 31 se celebra una misa a los santos inocentes, a niños bautizados y no bautizados.

Pero los rituales no sólo se realizan dentro de las casas en esos días, pues en el panteón, el día primero de noviembre, generalmente se realiza una misa nocturna dentro de la capilla de éste dedicada a los fieles difuntos. La mayoría de la gente aguarda en los alrededores para escuchar la misa. El recinto se encuentra iluminado por la luz de las velas. El panteón se localiza en la orilla noreste del pueblo, a la entrada, por el camino que viene de Zacapoaxtla. Las tumbas se pintan y arreglan con flores de cempoalxóchitl, alcatraces, violetas y ramos de la palma de tepecin y algunas veladoras. A diferencia de otras regiones de Puebla, en Xochitlán no se ponen ofrendas en las tumbas, debido al clima lluvioso, por lo que el espacio de la ofrenda se reduce a los altares familiares. Pese a la lluvia, los indígenas acostumbran velar con mayor frecuencia que los mestizos en los panteones.

Es frecuente que durante las velaciones nocturnas asista al panteón un grupo de huapangueros de la localidad, para alegrar a los familiares de los difuntos con sus sones tradicionales, cantados en lengua indígena o español.

Según la tradición, el simbolismo de los colores de las cruces colocadas en los entierros señala la distinción entre los difuntos; por ejemplo, las cruces verdes son para los niños no mayores de 12 años; las azules están dedicadas a los jóvenes; las blancas son para los adultos que pueden estar casados y/o con niños e incluye a las mujeres embarazadas; las cruces cafés son para los viudos y viudas; y por último, las negras son para los ancianos. Hay también cruces de hierro, pero éstas por su costo corresponden a las familias con recursos.


Suntuosos altares, elaborado con tela, de grandes dimensiones, muy diferentes a los que se colocan 
en otros municipios, son ofrendas con las cuales los habitantes de Huaquechula 
esperan a sus familiares que fallecieron durante el año. Foto: Isaura Cecilia García.

Respecto a las creencias de los habitantes sobre el destino de las almas, se menciona que las almas de los niños se van al limbo; las de las personas que hicieron algún daño en la vida, parten al inframundo; las almas de quienes hicieron buenos actos irán al cielo; y aquellos que no creyeron en los santos y a quienes nadie recuerda, vagan en el campo y de ellas se pueden esperar algunas travesuras o espantos.

El último día de celebración a los muertos, el 2 de noviembre, se realiza la misa a las doce del día, en la cual durante la homilía el padre hace alusión a la importancia de estos preparativos para recibir a los santos difuntos de la familia. En este último día se reparten las ofrendas entre los familiares y allegados. A las 8 de la noche los familiares de la última persona que haya muerto en la comunidad (se establece un límite menor a un año), realiza una procesión hacia el panteón. Ya en la tumba, le rezan y se le acompaña durante un lapso en que los familiares dialogan con el alma del difunto y otras sólo lo recuerdan. Antes de las 12 de la noche ya no quedarán rastros de la ofrenda y al día siguiente la gente de la comunidad empezará los preparativos para la siguiente fiesta religiosa, que es la celebración a la virgen de Guadalupe el 12 de diciembre.

*Antropóloga social por la UAM-Iztapalapa, escritora, autora de diversos libros de cuento y novela, y periodista cultural. Editora de las revistas Cuetlaxcoapan y Poblanidades.

 

Referencias bibliográficas

Juárez Cao Romero, Alexis (1999) Catolicismo popular y fiesta, sistema festivo y vida religiosa de un pueblo indígena del estado de Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. México.

Robelo, Cecilio (1980). Diccionario de mitología náhuatl, tomos I-II. Editorial Innovación. México.

Signorini Ítalo y Alessandro Lupo (1989). Los tres ejes de la vida, Universidad Veracruzana, Xalapa, México.

Westheim, Paul (1985). La Calavera, FCE-SEP, colección Lecturas Mexicanas. México.


domingo, 20 de octubre de 2024

Influencias, estilística y estructura del Templo de San José Chiapa, Puebla



Fachada del templo de San José Chiapa. Imagen tomada del libro El estado de Puebla, 
Secretaría de Turismo del Estado de Puebla (2001).


 Andrés Armando Sánchez Hernández* 

El conjunto religioso realizado en la población de San José Chiapa, Puebla, es el reflejo, como toda la arquitectura, de las influencias estilísticas mediante el uso de elementos y ornamentos que expresan aspectos simbólicos, tanto con fines litúrgicos como funcionales. Aspectos que están ubicados, dentro de un contexto del arte y su historia, en este caso de la iglesia católica del siglo XVII y de los albores de la consolidación del Virreinato. Además, este conjunto adquiere un significado muy importante relacionado a un acontecimiento y su presencia; un religioso con varios cargos importantes en la Nueva España: el venerable don Juan de Palafox y Mendoza quien se recluyó en ese lugar por su relativa cercanía con la Ciudad de Puebla. 

    En la época que el prelado estuvo en San José Chiapa, el lugar era un territorio rural, agreste y polvoriento, en donde estuvo casi incomunicado. Realmente fue el lugar adecuado para que don Juan de Palafox y Mendoza quedara protegido de la persecución de que era objeto por parte de los jesuitas. En la actualidad el sitio además de su uso religioso está reconocido como patrimonio cultural. Muy cerca se encuentra la fábrica automotriz alemana AUDI, instalada ahí en el año 2006. 

    Durante el siglo XVII las ciudades de mayor importancia eran la ciudad capital del virreinato de México y en segundo lugar la Ciudad de Los Ángeles (Puebla), Tlaxcala por ser una de las primeras refundaciones, Veracruz y otras ciudades estratégicamente impulsadas por el nuevo sistema administrativo surgido por el propio Hernán Cortés y, después por el Virreinato. De ahí muchas de ellas tenían calidad de villas como procesos primigenios de las refundaciones después de las conquistas, como la Villa de la Veracruz, la Villa de Carrión, etcétera. 

    Los primeros templos y conventos del siglo XVI se habían construido usando la estilística definida por una arquitectura medieval y renacentista (quattrocento), plateresco con influencia isabelina, así como por el uso de algunos elementos o detalles de origen islámico. En ese marco, la arquitectura llegaba a América, también llamada las Indias; ya entrado el siglo XVII eran la respuesta de las vanguardias e influencia de un estilo derivado del quattrocento, con características basadas en los Tratadistas, pasando por Vitrubio, Viñola a Serlio. Ya en el cinquecento con el renacimiento español, con particularidades desarrolladas en el seno de la monarquía y la “modernización” de las ciudades de origen medieval como Valladolid, en Castilla y León, al utilizar el manierismo impulsado por Juan de Herrera en la Catedral vallisolitana, por cierto, en un manierismo muy básico y sobrio, sin llegar a ser lo que se definió en el conjunto del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial, ni muchos menos, luego en la citada Basílica Catedral de México, o en la Ciudad de los Ángeles, Puebla con las intervenciones subsecuentes de los siglos posteriores, llenándolas de riqueza estética y opulencia con que llega hasta nuestros días. 

    El manierismo, o estilo herreriano, por obvias razones fue llamado renacimiento español, era un movimiento que alteraba el sistema de proporcionamiento mediante el uso de los elementos de los clásicos greco-romanos en otra interpretación de sus elementos, y otros fines estilísticos. No era ajeno ver dos columnas con una hornacina y una imagen católica o de la monarquía, frontones interrumpidos, este manierismo, dio paso al barroco con una explosión de movimiento y “miedo al vacío”, siendo un elemento muy común inspiración de Bernini en el Baldaquino de Roma: la columna salomónica. Otro elemento muy usado en las catedrales fue la construcción de dos torres campanario, y en algunas parroquias, que recuerdan un poco una influencia o evolución desde los templos románicos aunque más bajas, y en el herreriano, más altas pero ornamentado con cornisas, almenas o pináculos, claraboyas mixtilíneas, etcétera, siendo ubicables estilísticamente dentro del manierismo. 

    La construcción de la Catedral de Puebla pasó por varias etapas y estilos, uno de estos estilos fue precisamente el estilo herreriano, una arquitectura nacida en Valladolid, en Castilla y León, en España, que había sido impulsada por la Corona, específicamente ya en los años de reinado de Felipe II, con la construcción del Real Monasterio del Escorial, en las cercanías de Madrid. Una arquitectura que se utilizaría no sólo en España, sino en grandes construcciones del virreinato de la Nueva España y Perú, y que tomó gran relevancia al ser empleada en la construcción de grandes templos o catedrales, incluso casonas o colegios. 

    El 22 de julio de 1640, cuando don Juan de Palafox y Mendoza llegó a Puebla, la catedral ya había sido iniciada y trabajó durante nueve años para consagrarla en 1649. El ilustre prelado tuvo nombramientos y responsabilidades muy importantes en la Nueva España, no sólo en la Ciudad de los Ángeles: “Obispo de la Angelópolis, visitador General del Reino, Juez de Residencia de dos Virreyes y que poco antes había sido Arzobispo electo de México y Virrey y Capitán de la Nueva España” (sc) (De la Maza, pps.10-11). Pero, quien fuera beatificado en Burgos de Osma tuvo que salir huyendo de la Ciudad de los Ángeles, como lo expuso en este párrafo de su carta, citada por Moriones (2011):

Determinado a salvar la República con mi fuga, y a impedir, si pudiese, a costa de mis trabajos, los pecados de mis adversarios, o a lo menos suavizar sus iras, para que el pueblo inocente no fuese la victima de nuestros particulares desaciertos; encomendando ante todas cosas mi Rebaño al Eterno Pastor, nombrando también tres Vicarios Generales, para unos por otros se sustituyesen en la defensa de la Jurisdicción Eclesiástica, en caso de audiencia u otro legítimo impedimento; escrita a mi Cabildo una carta en la que le participaba las causas que me precisaban a ausentarme por algún tiempo y exhortaba a la defensa de la Jurisdicción, salí secretamente de la ciudad, acompañado solamente de dos Familiares, mi confesor y Secretario, pues a la demás familia la envié por diversos caminos, para que, no acertando mis enemigos con el que yo llevaba, ignorasen el lugar de mi retiro y hui a los montes (p. 163).

Vista general del templo de San José Chiapa. Foto: Andrés Armando Sánchez Hernández. 

    El legado de Don Juan de Palafox y Mendoza en la Nueva España, es por demás destacable, no solamente en grandes construcciones y magníficos lugares, sino en exquisitas obras como la Biblioteca Palafoxiana fundada en 1645 y reconocida como Memoria del Mundo por la UNESCO en 2005. 

    En ese contexto, la construcción de un templo en San Jose Chiapa donde aún se alojan reliquias de segundo grado, en una capilla, que por la forma recuerda la proeza estética y monumental que ya se ha descrito con la construcción y diseño de la Basílica Catedral de Puebla, no pasó desapercibida al usar esa combinación de pilares y columnas similares, pero en menores dimensiones. Lo mismo que dar relevancia a un retablo mayor en este caso realizado en magnífico ónix o alabastro mexicano, de muy alto nivel, de exquisito trabajo y refinamiento. En el centro aparece un Cristo crucificado, con María y Magdalena, así como dos angelitos que recuerdan a los niños que ornamentan la fuente de San Miguel de la Ciudad de Puebla, fechada en 1777, y realizada por Juan Antonio de Santa María.

    El uso de la columna salomónica en San José, Chiapa, es magistral, ya que el trabajo en ónix, o alabastro mexicano de Tecali en todo el retablo del altar mayor donde prevalece esta columna, tiene cierta similitud con el Retablo de las Animas de Quecholac, Puebla, que se expone en torno a tres niveles, en dos de las cuales tiene las citadas columnas similar al Retablo de los Reyes de la Basílica Catedral de Puebla, donde se aprecia en una de las pinturas al mismísimo don Juan de Palafox y Mendoza, entre otros retablos.

    Otros trabajos que han analizado esta obra se ubican  en un primer acercamiento a la arquitectura de este conjunto religioso , de nuestra autoría, son varios, pero no pueden dejar de mencionarse otros textos que se hicieron con  antelación: La Capilla de San José Chiapa, de Francisco de la Maza (1960), documento que detalla las particularidades del conjunto y expone datos que permiten contextualizar la investigación. Igualmente, las Memorias del ciclo de conferencias sobre la vida y obra de Juan de Palafox y Mendoza, en 2011 , con motivo de su beatificación. Un detalle encontrado, en un texto , es que no menciona al magnífico retablo de San José Chiapa.

    En ese contexto explicamos que las influencias estilísticas del conjunto son dos las que más destacan: 1) El herreriano, 2) El barroco, sobrio, con modalidad de uso de pilastra estípite en la fachada. 

    El estilo herreriano, lo encontramos en varios elementos de la estructura del edificio, se puede decir, que el diseño en su conjunto lo es, es la consecuencia del manierismo , ya descrito anteriormente, relacionándolo con la Basílica Catedral de Puebla. Pero la ornamentación es barroca, muy temprana, por cierto.

Retablo del templo de San José Chiapa. Foto: Guillermo Aldana. Tomada del libro 
El Estado de Puebla, Secretaría de Turismo del Estado de Puebla (2001).

    El estilo barroco se define en el diseño de la estructura del templo y explícitamente en las columnas que dividen y columnas salomónicas que nos recuerdan al Antiguo Testamento. Además, del Nuevo Testamento que relata la historia de Jesús, María y José. Incluso, columnas que nos recuerdan al rey Salomón, quien construyó el Primer Templo de Jerusalén (Yerushalaim). En la arquitectura su presencia no pasa desapercibida en el Baldaquino de Roma, terminado después de varios años, en 1634, realizado por Bernini, quien fuera punta de lanza para exponer un estilo como el barroco como un terror al vacío, pero sobre todo con una arquitectura que tenía movimiento, en lo que las columnas salomónicas, eran el mejor ejemplo.

    En cuanto a las pilastras estípites, existen muchos datos que permiten comprender su uso. En esta fachada son tempranas, pues se difunden en altares y fachadas como expresión del churrigueresco, un barroco que nació en el siglo XVIII, y caracterizó a toda una generación de edificios religiosos, siendo los momentos cumbre del barroco, hasta su decadencia con la llegada del Neoclásico. Regresando al uso de la pilastra estípite en San José Chiapa, que es magistral, por sus dimensiones siendo tal vez, las más grandes de todos los templos, además, destacan los significados y elementos que la ornamentaron pasando por el uso de escudos como el Escudo episcopal de Palafox, y el de Ariza, una población en el Municipio de Zaragoza en Aragón, España.

    El partido arquitectónico de este conjunto religioso expone por lo tanto la función de capilla, pero la estructura y composición de la planta y forma en el uso de  columnas compuestas en torno a tres naves, recuerdan la idea del partido arquitectónico de la Basílica Catedral de Puebla, incluso, por el color y proporciones de las columnas, pues contiene entre sus elementos y diseño el trazado de una nave en forma catedralicia con base en tres naves. En este caso muy pequeños espacios. Incluso, utiliza las columnas sobrepuestas análogas a la Basílica Catedral de Puebla. No obstante que el edificio asumió una serie de influencias como el herreriano en la estética de las citadas columnas, contiene en su exterior elementos barrocos, al igual que en la ornamentación del templo, pero sobre la base de los elementos manieristas, fuertemente influenciado por los tratados de Sebastian Serlio. Si partimos de las Instructiones fabricae et supellectilis ecclesisticae de Carlos Borromeo, comprendemos que, para las dimensiones o amplitud del sitio de la iglesia, más bien del templo se tomaban en cuenta ciertas particularidades:

Además, de la amplitud del sitio de la iglesia debe ser de tal modo que pueda contener no sólo a la multitud del pueblo que habita el lugar, donde quedará la edificación de la iglesia ya parroquial, ya colegial, asisten a las solemnidades. Al respecto, no debe de cuidarse esta razón: que para cada hombre pueda haber tanto espacio cuanta es la medida de un codo y ocho pulgadas, por cada lado; y esto además del espacio que contienen las columnas o pilastras y las paredes. (Borromeo, 2010, p.6)

    En ese marco se comprende que las dimensiones del templo de San José Chiapa, son realmente pequeñas, por la escasa población existente. Lo mismo sucede con la forma del templo de planta crucial, que para esos años era una de las formas más comunes en los recintos religiosos de estilo manierista, estilo usado magistralmente en la Basílica Catedral de Puebla, y en este caso, en esta capilla. Borromeo expuso esa idea:

 Y esta misma iglesia, semejante a una cruz, o bien que vaya a tener solamente o una, o tres, o cinco como dicen, naves, puede constatar tanto de otras proporciones múltiples y medidas, como de esta única: con dos capillas naturalmente fuera del ingreso de la capilla mayor, construidas a uno y otro lado, las cuales, trazadas a similitud de brazos, sobresalgan de todo edificio de la iglesia según su amplitud, y por fuera sean algún tanto prominentes, según el tipo de arquitectura. (2010, p. 7)

    En la planta crucial de la capilla de San José Chiapa, aunque no está presente, se aprecia una influencia manierista en la conformación de sus elementos, pero, con ornamentación barroca, derivada de la influencia, que definió el manierismo. En las fachadas vemos como se expuso el uso de las adarajas en la base de las torres campanarios, más que un sistema constructivo se aprecia como elemento ornamental. 

    Este conjunto religioso y su hermoso altar mayor recuerda el altar mayor de los reyes en Catedral de Puebla, como ya se dijo, sin embargo, tiene sus propias particularidades, entre ellas algunos detalles del báculo del Obispo que ornamentan el marco de ónix que custodia un óleo de la Sagrada Familia, u ornamentación de listones ondulantes en torno a las hornacinas donde se exponen las imágenes.

    A manera de conclusiones podemos mencionar que la presencia de don Juan de Palafox y Mendoza permitió la construcción no sólo de una serie de edificios religiosos como la Catedral o este conjunto en San José Chiapa, aparte de un gran legado cultural material e inmaterial. En cuanto al conjunto religioso de San José Chiapa, es un magnífico ejemplo de la combinación de dos movimientos estilísticos, que en la actualidad se pueden apreciar en su magnificencia y buen estado de conservación. Además, de mantenerse muchos de sus objetos in situ para el deleite tanto de lo religioso, como de lo histórico.

*Doctor en Ciudad, territorio y sustentabilidad por la UdG del programa consolidado del CONAHCYT. Docente investigador de la Facultad de Arquitectura-BUAP en la licenciatura de urbanismo y la maestría en arquitectura con especialidad en conservación del patrimonio edificado. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1. Correo e-. andres.sanchez@correo.buap.mx

Bibliografía

Bermúdez, De Castro Diego Antonio. (1908[1985]) Theatro Angelopolitano ó, historia de la ciudad de la Puebla, en 1908. Junta de Mejoramiento Municipal, Cívico y Material del Municipio de Puebla. 

Borromeo, C. (2010) Instrucciones de la fábrica y del ajuar eclesiásticos. KI

De la Maza, F. (1960) La capilla de San José Chiapa. INAH.

IMACP (2011) Palafox Obra y legado. Memorias del ciclo de conferencias sobre la vida y obra de Juan de Palafox y Mendoza. Municipio de Puebla. Gobierno Municipal de Puebla, Ciudad que queremos.

Sánchez, H., A.A. y Teutli, L. M. (2016) Arquitectura Palafoxiana. Distancias y cercanías estilísticas entre la catedral de Puebla y el templo de San José, Chiapa, Puebla, México. En Sánchez, H. A.A. Teutli, L. M. (Coord.) (2016) San José Chiapa, Puebla, México ante la llegada de Audi. Puebla: Dirección de Fomento Editorial, BUAP. pp.s. 15-34 

__________________________(2018) “Linkage betwen blessed Juan de Palafox y Mendoza and the religious complex colonial art at San José Chiapa, Puebla State, México”. En Ayse Güngor, Art history studies: Art & Society. Istambul: DAKAM.

Moriones, I. (2011). El beato Juan de Palafox en su retiro de Chiapa. En IMACP (2011) Palafox Obra y legado. Memorias del ciclo de conferencias sobre la vida y obra de Juan de Palafox y Mendoza. Municipio de Puebla. Gobierno Municipal de Puebla, Ciudad que queremos, p.163.

UNAM. (s/f) Manierismo | Portal Académico del CCH (unam.mx). Portal UNAM-CCH.https://e1.portalacademico.cch.unam.mx/alumno/historiauniversal1/unidad3/culturaSXVI/manierismo. Consultado, 28, 03,2024.

Villa, S. F. J. (1835). Puebla. Sagrada y profana. Informe dado a su muy ilustre Ayuntamiento.  El año de 1746, por el M.E.P. Fray Juan Villa Sánchez. Valladolid: Casa del ciudadano José María Campo. 




lunes, 14 de octubre de 2024

Poblanidades #9. Culto a deidades, templos y ceremonias religiosas

 

Imagen de la Virgen de los Dolores en el altar del templo, en Acatzingo. Foto: Pedro Mauro Ramos Vázquez.


PRESENTACIÓN

Debido a su pasado prehispánico y colonial, en los municipios del estado de Puebla subsiste una arraigada tradición religiosa que se manifiesta en el culto a diferentes deidades e imágenes de santos cuyo origen data de una u otra época.

Al llegar a tierras de la que llamaron Nueva España, los conquistadores y sus representantes de la religión católica obligaron a los habitantes originarios, a renunciar a sus dioses suplantándolos por los suyos propios y utilizaron su mano de obra para construir magníficos templos en los que se invirtió mucha creatividad y recursos, para que en ellos se guardara culto y devoción a dichas imágenes que persisten hasta la fecha, en un sincretismo muy especial.

Así tenemos el culto a la virgen de los Dolores en Acatzingo, la devoción a San Miguel Arcángel, en los pueblos de la Mixteca, y los templos dedicados a otros santos, entre los cuales figura el magnífico altar de alabastro de San José Chiapa, en donde se alojó el obispo Juan de Palafox y Mendoza.

Las celebraciones y festividades incluyen ceremonias diversas como danzas para pedir por agua y buenas cosechas, halagar a los santos y deidades a fin de conseguir sus favores. Especial atención merece el culto los Muertos, en Xochitlán, que presentamos en esta ocasión, cuyo origen data de la época prehispánica pero ha subsistido hasta nuestros días, no sólo en Puebla, sino en el país entero, ritual reconocido como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” el 7 de noviembre de 2003, por iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Amelia Domínguez

Editora y directora 


CONTENIDO

El culto a la virgen de Los Dolores en Acatzingo.

             Angélica Olea Prieto.

          Influencias, estilística y estructura del templo de San José Chiapa.

  Andrés Armando Sánchez Hernández.

          La celebración del Día de Muertos en Xochitlán de V. Suárez y otros lugares de la                  Sierra Norte.

            Amelia Domínguez Mendoza.          

          La danza de los Paxtles en Chignautla.

            Augusto Díaz y Heriberto Cano.

         Topohui, un culto al agua en Ixtacamaxtitlán.

  Benjamín Portillo Muñoz.

         La devoción a San Miguel Arcángel traspasa fronteras entre los migrantes                          mixtecos de Ixitlán.

            José Alfredo Arellanes Valdivia.

         La historia del chal y las prendas de lana de Yaonáhuac.

  Cirilo A. Salazar Morelos.

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Colaboradores: Ricardo Baruch, diseño; Héctor Crispín, apoyo fotográfico; Pedro Mauro Ramos Vázquez, apoyo fotográfico y contacto con los cronistas del Consejo de la Crónica del Estado de Puebla; Isaura Cecilia García López, asesoría y apoyo fotográfico.



miércoles, 9 de octubre de 2024

EL CULTO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES EN ACATZINGO

 

Vista panorámica de la Parroquia de la Soledad en Acatzingo. Foto: Pedro Mauro Ramos Vázquez, 2023.

Angélica Olea Prieto*

La vida religiosa novohispana ha sido dominada por imágenes sagradas. Los franciscanos y otras instituciones religiosas introdujeron y propagaron el culto en el virreinato, particularmente la orden de frailes menores tuvo especial predilección por la adoración mariana[1], misma que se arraigó con gran fuerza entre los naturales. En la segunda mitad del siglo XVII la Virgen María como “Dolorosa”, actitud en que suele representársele después de la muerte de su hijo, gozó de una amplia veneración; prácticamente no hubo iglesia de la época que no mantuviera en su interior una imagen de María sufriente. La Dolorosa, en la iglesia de Acatzingo es uno de los testimonios de tal hecho.

Los artistas novohispanos[2] recurrieron a representar a esta imagen de la Virgen con los mismos recursos iconográficos intentados en el viejo mundo, por lo general, con las manos recogidas en el pecho, en actitud de implorar, con vestidura negra o morada. Este culto respondía a un solo motivo: representar el dolor de María. La santa imagen comenzó a ser adorada en Acatzingo desde 1609[3]. Según el obispo Pedro Vera y Zuria, por intercesión suya Dios concedió innúmeros favores y prodigios, y a esto se debe el culto tres veces secular, que llegó a su mayor esplendor en la segunda mitad del siglo XVIII[4].

La pintura anónima de la virgen de Dolores en la parroquia de Acatzingo  obedece al género popular. En ella se hace presente lo misterioso, trascendente o divino. Según la tradición, la imagen, de procedencia desconocida, fue encontrada misteriosamente. Después de su aparición, la Dolorosa se fue convirtiendo en imagen de gracia, ya que los devotos acudían masivamente para implorar gracias y favores de toda clase. La imagen terminó siendo el centro de atención y peregrinaje de innumerables devotos de otros municipios como Quecholac, Yehualtepec y Tlacotepec.

Con el tiempo, la adoración por la Virgen fue en aumento, el retablo y algunos escritos daban renovados impulsos a la propagación de sus beneficios protectores. Durante los festejos del viernes de Dolores los naturales mostraban un gran respeto hacia la imagen y participaban con entusiasmo en las procesiones. Hacia 1640 la parroquia fue secularizada por Juan de Palafox, entonces se produce una lucha entre el clero secular y el regular[5]. Estos últimos tenían su convento, pero al primer párroco D. Juan Granado y Silva, que continuaría la labor ayudado por dos o tres vicarios, le hacía falta una iglesia parroquial digna del curato, de manera que se construyó ésta en el lado norte de la plaza mayor, con 45 metros de largo, 13 de alto, 13 de ancho y 2 torres por campanarios[6].

Los testimonios de los feligreses, en particular de los labradores, dan cuenta  de la construcción de la capilla de Dolores, anexa a la parroquia, cuyas dimensiones son 7 metros de ancho por 27 de largo. Fue terminada en 1719 y decorada en 1761 al estilo churrigueresco con lujo extraordinario de oro, brocado, ónix y plata maciza, por obra del platero Antonio Fernández[7]. 

Alfombra colorida de aserrín en las calles de Acatzingo 
previa al inicio de la procesión de la Virgen (foto autor anónimo, septiembre 2024).

La venerable imagen de la Dolorosa, copia de la original de Sasso Ferrato[8], fue colocada en el trono del altar mayor entre ocho columnas corintias, bajo un dosel de gasas, como niebla matinal. Enormes ramilletes de lirios azules, rosas de oro y jazmines en jarrones griegos perfuman el altar. La capilla de la virgen de los Dolores, anexa a la parroquia, fue decorada entre 1750 y 1775[9]. Los retablos de los cruceros, gemelos en diseño, son de composición muy apaisada con soportes salomónicos. Toda la imagen está ambientada por la generosidad de los devotos y de toda suerte de exvotos que recuerdan y proclaman los milagros, curaciones y gracias por ella concebidas.

El retablo mayor de la capilla muestra una estructura reticular y una gran comprensión del valor del volumen, dispuesto sobre un banco abombado en cuya predela se dejan ver marcados por líneas mixtas cuatro santos escritores. La estructura se anima con la duplicación de los soportes en la parte central, zona donde los nichos son de forma variada[10]. El fanal de la imagen tutelar es rococó y corresponde a otra época. La postura de la imagen es elegante, las manos acusan expresividad, aun cuando hay sequedad en los gestos. Es notable el tratamiento en los ropajes que parecen quebrarse en múltiples aristas.

Hacia la mitad del muro izquierdo del templo parroquial se encuentra un arco que da acceso al santuario de nuestra señora de los Dolores. El santuario es una joya del siglo XVII, con colaterales churriguerescos, cuadros murales de Miguel Jerónimo de Zendejas, friso, lavabo y cúpula de azulejos en talavera. El camarín de la santísima Virgen, capilla octagonal con cúpula (1764), tiene frescos sobre la vida de nuestra señora y acabadas miniaturas de su coronación y de coros de apóstoles, mártires, confesores y vírgenes[11]. El altar y la balaustrada de plata de la capilla de Dolores, atestiguan la prosperidad del curato en la época colonial.

El culto a la Virgen de los Dolores adquirió gran importancia en la segunda mitad del siglo XVIII. En el padrón de 1791 se dice: “la parroquia tiene un gran culto por una imagen dolorosa a quien profesan gran devoción todos los lugareños y labradores de la comarca, con cuyos votos logra su capilla un magnifico adorno”. Los vecinos organizaron una manda en los pueblos de la jurisdicción utilizando la imagen de la  Dolorosa, lo que permitió la creación de una cofradía dedicada a ella.

Gracias a las giras de los demandantes la imagen se veneró no sólo en la iglesia o durante las procesiones, sino en los viajes que efectuaban. La cofradía de nuestra señora de los Dolores enviaba periódicamente a sus demandantes a localidades lejanas, para no perder el contacto con sus cofrades foráneos. En 1796 el cura de Acatzingo, Gaspar Mexías (1793- 1797) solicitó licencia para la imagen de la Dolorosa. Para apoyar su solicitud el eclesiástico argumentó que no se trataba de una demanda de limosna, sino de una percepción de los derechos (jornales) de los miembros de las cofradías dedicados a esta imagen (20[12]). Al final de la solicitud, el cura pedía que la persona encargada de la recepción pudiera llevar consigo una imagen de madera de la virgen para darles consuelo a los cofrades[13].

La solicitud se debía a que los integrantes de la cofradía de la imagen de la Dolorosa se hallaban dispersos por las provincias de Xalapa, Orizaba, Villa de Córdova y Mixteca Alta, y por la distancia hasta Acatzingo, no podían ir a dejar sus jornales personalmente.

Altar mayor con la virgen de la Soledad en la Parroquia de Acatzingo. Foto: Pedro Mauro Ramos Vázquez (2023).

Origen del culto

La devoción a la Madre de Dios bajo la advocación de nuestra señora de la Soledad, de la Amargura, de la Piedad, de las Angustias, de la Caridad y de los  Dolores, entre otras, proviene del siglo XIII, cuando se funda en Italia la Orden de los Siervos de María o servitas, cuyo objetivo y espíritu era fomentar, difundir y conservar la devoción a la Virgen[14].

Hacia 1425, cuando el uso del papel se hizo común en Europa, se difundieron estas representaciones de la Virgen María creadas por maestros alemanes y flamencos, hechas sobre láminas, por medio de troqueles de madera o grabadas sobre placas de metal. Una de las representaciones de la Dolorosa en México es la tallada bajo relieve en piedra en una de las capillas posas en el convento franciscano de Calpan, Puebla. Es la copia de un grabado alemán, de un siglo atrás. Esta representación iconográfica de la Dolorosa pasó a España con Carlos V. Son numerosas las pinturas de esta advocación, tema central de los retablos marianos y particularmente de los pasionarios15]

En 1519, el fraile mercedario Bartolomé de Olmedo, que acompañaba a Hernán Cortés, erige en San Juan de Ulúa el primer altar en el continente americano, con el fin de celebrar la misa de Viernes Santo y para recordar los Dolores de la Virgen, que también se conmemoraba ese día, Una vez consumada la conquista, comienza la evangelización y se introduce así la veneración a las imágenes dolientes, con lo que se gestan costumbres y tradiciones de claro origen español a las que, al ser adaptadas en la Nueva España, se les imprimen características propias.

Desde la segunda mitad del siglo XVII, el padre José Vidal S.J promueve en la capital y gran parte de la Nueva España la devoción a la Virgen María bajo la advocación de virgen de los Dolores, que antes se invocaba con el título de la Soledad, pero cuyo culto no estaba muy extendido[16]

También se produjeron esculturas y relieves, algunas veces tallados en maderas, que después se estofaban y doraban, otras tenían caras, pies, y manos encarnadas, y el cuerpo vestido con paños encolados, costumbre frecuente en México al finalizar el siglo XVIII. Algo más tarde se inició la costumbre de vestir las imágenes de la Dolorosa con tela sin aderezo, generalmente de terciopelo o raso, bordadas con hilo de oro y plata[17]

Innumerables milagros se le atribuyen a la virgen de Dolores. El señor Presbítero D. Agustín de la Cueva promovió su coronación, la cual se realizó el 15 de septiembre de 1924 por el arzobispo de Puebla, Pedro Vera y Zuria, en nombre del sumo Pontífice Pio XI. La corona fabricada por D. Luis Albarrán  está llena de brillantes, perlas y granates. En la parte de en medio tiene una artística águila.

Entre los acordes de la música de Huixcolotla y una lluvia de crisantemos, jazmines y arcos preparados por la Asociación de la Vela del Santísimo Sacramento y del Apostolado de la Oración, así como vecinos y gentes de pueblos comarcanos y regiones lejanas que se dieron cita en el atrio de la parroquia para presenciar la coronación de la santísima. Los devotos cantos, el repique de campanas, los acordes de la música y el murmullo de los gemidos y oraciones esparcían en el ambiente ondas de piedad y oración[18].

En un escenario de oración y religiosidad los feligreses recordaron los dolores de la Santísima Virgen. El Pbro. D. José Rubio decía:

“que el sufrimiento es compañero inseparable de su destierro, y porque Jesucristo nos dio por madre a la virgen santísima cuando la espada más lacerante punzaba su alma, cumpliéndose la profecía de Simeón: aquel amado discípulo que en ese momento la acogió como suya, representaba a todos los discípulos del Crucificado, quienes, cargando la cruz, caminan al cielo”[19].

Actualmente en Acatzingo, la conmemoración religiosa más importante sigue siendo la dedicada a la virgen de los Dolores. El culto se manifiesta con una serie de festividades: el jueves de Dolores, la sacan de su trono de metal y argento y la ponen en el barandal que divide el presbiterio del canon de la capilla. Durante la ceremonia es sostenida por dos sacerdotes de cada lado, para que los fieles católicos del pueblo se acerquen a besar la imagen. De igual manera el 15 de septiembre la ceremonia es para quienes la visitan de fuera. La fiesta inicia con la ceremonia del beso a la virgen, para culminar en la madrugada; entonces la imagen de la virgen es sacada de sus aposentos para recorrer (14 kilómetros) las principales calles de la población adornadas con alfombras, elaboradas por los vecinos y diseñadas con motivos y decoradas con aserrín, flores, dulces, globos, semillas, frutas y verduras, entre otros. Todo enriquecido con juegos pirotécnicos, cantos y música de diversos géneros.

Para finalizar es preciso destacar que el culto a las imágenes novohispanas ha sido poco utilizado como fuente para reinterpretar la historia virreinal en los municipios de México. Quizá porque su origen religioso causa controversia entre algunos estudiosos. Sin embargo, el culto popular a un santo es de gran utilidad para conocer el sincretismo religioso que se produjo entre lo español y lo indígena por más de 400 años. La celebración en Acatzingo es el testimonio de una forma de percibir el encuentro de ambos mundos.


*Cronista del municipio de Acatzingo. Integrante del Consejo de la Crónica del Estado de Puebla.

NOTAS:

[1] La casa real de Francia tuvo especial devoción por María en su misterio de dolor y fue introducida a España por Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Medici que contrajo matrimonio con Felipe II de España.

[2] Juan Correa fue uno de los principales exponentes de esta imagen, prueba de ello es la decoración de Nuestra Señora de los Dolores en el convento de San Luis Potosí.

[3] Se cuenta que la virgen de los Dolores fue hallada por una posadera en el arcón de un viajero, que nunca volvió a buscarla. Del rostro de la virgen emanaban gotas de agua por lo que fue trasladada a la iglesia Parroquial. La posadera queriendo conservar la imagen en su casa, la tomo del altar donde estaba colocada pero al verse descubierta la arrojo a la fuente, se dice que las aguas se abrieron para no mojar la imagen, lo que es considerado un prodigio divino.

[4] D. Pedro Vera y Zuria (1929), Carta a mis seminaristas. En la primera visita pastoral a la arquidiócesis, Barcelona, Luis Gili, p. 12.

[5] Tomas Calvo (1973) Acatzingo, demografía de una parroquia mexicana, México, INAH, Colección científica 6, p. 18.

[6]Item.

[7] Jesús Pérez Morera (2012) Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Vol. XXIV, Núm. 100, ‘”Formas y Expresiones de la platería barroca poblana”, Islas Canarias, p. 123.

[8] Pintor italiano, llamado Giovanni Battista Salvi (1609- 1685), quien tomo el nombre de la población donde nació, fue discípulo de su padre, Tarquino Salvi y trabajo durante la mayor parte de su vida artística en Roma. Pronto comenzó a tener encargos de órdenes religiosas, quienes vieron en su arte una perfecta adecuación a lo dispuesto en el Concilio de Trento respecto a las imágenes sagradas. Pinto varias Dolorosas, inspirado más en la belleza que cautiva que en el sentimiento religioso.

[9] Marco Díaz (2006) Retablos Salomónicos en Puebla, FCE, México, p. 107.

[10]Ibid, p. 106.

[11] D. Pedro Vera y Zuria, Op. Cit, p. 367.

[12] Raffaele Moro Romero (2012) Una práctica poco visible la demanda de limosnas indígenas en la Nueva España del siglo XVIII, México,  Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, p. 117.

[13] Ibid, p. 118.

[14] Reina Cedillo Vargas, “El altar de los Dolores” en Arqueología Mexicana, Vol. XV, Núm. 90, México, 2008, p. 19

[15] Item.

[16] Francisco Sedano (1880), Noticias de México, México, Imprenta de J.R Barbadillo, p. 281-

[17] Item.

[18] D. Pedro Vera, Op Cit, p. 366.

[19]Ibid, p. 368.