domingo, 25 de agosto de 2024

Delicias culinarias de la Sierra Poblana: una mirada a la cocina de doña Soledad Bonilla

 


 Paisaje del majestuoso cerro Zotolo y cumbre de Moragco. Foto: Amparo Molina Bonilla, 2023.


Luis Eduardo Torres Molina* 

Parte destacada de la comida mexicana, la cocina poblana, reconocida por platillos tan exquisitos e icónicos como los chiles en nogada o el mole poblano, es un patrimonio cultural de los habitantes de este Estado, un sello de identidad y un resumen de su historia.

Entre las montañas de la serranía poblana, encontramos también una amplia riqueza culinaria, digna de conocer y disfrutar, pues es parte de nuestro legado,  producto de la unión de ambos mundos (América y Europa). Platillos y postres elaborados con el esmero de manos centenarias y los frutos de esta tierra, crean experiencias sublimes, que aguardan para conquistar a los paladares más exigentes.

Esta región constituye el extremo sur de la Sierra Madre Oriental, en donde encontramos majestuosas montañas y profundos barrancos, con suelos y climas diversos, aunque predomina el templado subhúmedo, lo cual ha sido terreno fértil para una diversidad de productos agrícolas, que van desde semillas como maíz, frijol, cebada, haba y trigo, hasta frutos como manzano, pera, durazno, ciruelo, capulín, níspero, nogal; bayas diversas, calabazas y chilacayotes, además de diferentes especies animales, una gran variedad de hongos multicolores y en algunas zonas, múltiples especies de la planta del maguey.

En Tetela de Ocampo, cuna de héroes y heroínas, donde florecen bosques que permiten disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza, reside doña Soledad Bonilla Arellano, con su esposo, el profesor jubilado Ángel Molina Xalcuaco, ambos descendientes de aguerridos hombres y mujeres que por más de dos siglos, han defendido la soberanía y libertad de México, además de promover el desarrollo nacional a través de la educación.

Con sonrisa apacible, voz firme y espíritu alegre, cautiva a quienes la tratan por su personalidad sencilla y transparente, además de su particular don para las artes culinarias, que confiesa, heredó de su madre, la señora Gudelia Arellano Segura y a su vez ella de su abuela, doña Gertrudis Portilla, quién junto a sus hijas y sobrinas, además de otras distinguidas damas, formaban parte del Club de Mujeres Liberales de Tetela de Ocampo, que el 9 de diciembre de 1900, emitieron el Manifiesto de las Damas Liberales de Tetela de Ocampo, a favor de la igualdad, el progreso y la educación de la juventud (Torres & Molina, 2023).

No es casualidad este espíritu liberal familiar, pues la matriarca de la familia, Victoriana Segura, junto a su esposo, el capitán insurgente Juan Nepomuceno Bonilla, pelearon al lado del Siervo de la Nación José María Morelos y Pavón y posteriormente al lado de Agustín de Iturbide, hasta la consumación de la Independencia, constatando estos hechos para la posteridad, a través de sus misivas, así como la celosa receta de los chiles en nogada de doña Victoriana, conservada en el acervo de la familia Molina Bonilla, que resguarda la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes Asociación Civil.

Doña Gudelia Arellano recuerda, fue una mujer sencilla, con un verdadero don para la cocina, preparando con maestría platillos como tixmoles, moles, carnes y pescados en variedad de formas; hongos silvestres, antojitos y dulces de todas las frutas y semillas, además de vinos y licores, destacando unos duraznos secos, que es secreta receta familiar. El mole, lo preparaba también una de su hermanas mayores, doña María Bonilla Arellano, ya fallecida, quién se hizo acreedora a diversos premios y reconocimientos por la calidad y particular sazón de este platillo, que sus descendientes continúan elaborando y han conquistado con él paladares fuera de México.

Entre todas las anécdotas y delicias compartidas, doña Soledad, con ayuda de su hija Amparo Molina Bonilla elaboraron, para compartir las recetas con los lectores de la revista Poblanidades, dos platillos tradicionales propios de la temporada: un tixmole de carne y un dulce de capulín.

Vista del Palacio Municipal de Tetela de Ocampo. Foto: Amparo Molina Bonilla, 2023.

 

Tixmole o Mole de Olla

Ingredientes

1 kilogramo de carne de res o pollo (al gusto).

6 o 7 chiles guajillos.

2 o 3 chiles chipotles (dependiendo el picor que se desee).

2 o 3 chiles anchos o chiles poblanos (dependiendo el picor que se desee).

3 jitomates maduros.

½ kilogramo de chayotextle o del fruto del chayote (dependiendo el gusto y disponibilidad).

Un trozo de cebolla.

Una rama grande de epazote.

Dos dientes de ajo medianos.

Sal (al gusto).

Aceite o manteca (depende el gusto).

Preparación

Se hierve la carne (res o pollo), junto a la cebolla, ajo y se agrega sal al gusto. En un recipiente aparte se hierven los 3 jitomates y en otro, el chayotextle o chayote en trozos.

En otra cazuela se hierven los chiles guajillos, chipotles y chiles anchos. Ya que están suaves, se desvenan. Posteriormente se licúan los chiles y el jitomate cocido (antiguamente se empleaba el molcajete) y se sazona con un poquito de aceite o manteca.

Se agrega el caldo de pollo o res y se incorpora el epazote. Inmediatamente después se incorpora la carne y el chayotextle o chayote en cubitos y se deja hervir, para que la salsa y el epazote suelten su sabor. Se debe probar en este punto y se añade sal al gusto.

Se sirve en un plato el caldo con una pieza de carne y chayotextle, sugiriendo dejar el epazote, lo cual despedirá un aroma muy cautivador. Es una comida caldosa tradicional, que se puede disfrutar durante todo el año.

Se sugiere acompañar este platillo con un vaso de octli o pulque de Tentzoncuahuigtic, que muchos paladares aseguran, es el mejor de la región por las particularidades de su tierra, clima y el esmero de sus productores por generaciones, tradición que es preciso rescatar; el lugar se encuentra a una altitud considerable en la Sierra poblana, desde donde se aprecian todos los volcanes del centro de México.

Doña Soledad Bonilla, después de preparar el dulce de capulín. Foto: Amparo Molina Bonilla, 2023.


Dulce seco de capulín

El capulín es conocido como capolcohuit en náhuatl, también llamado el cerezo mexicano. Además de ser consumidos los frutos, las hojas sirven en infusión para problemas gastrointestinales, mientras que en algunas entidades, se emplean las ramas para confeccionar amuletos.

Ingredientes:

½ kilogramo o dos medidas con latas de sardinas de capulines maduros.

¼ de taza de azúcar.

Una cucharada sopera de harina de trigo.

Preparación

Se lavan muy bien los capulines y se dejan escurrir. En una cacerola u olla de barro se colocan las frutas y con las manos perfectamente limpias se aplastan, dejando las frutas machacadas con todo y semillas, agregando la cucharada de harina y disolviéndola perfectamente con la pulpa. Después se coloca esto a fuego alto y se agrega pausadamente el azúcar, para que se incorpore y se mueve con una pala de madera. Cuando se haya disuelto el azúcar, se disminuye la flama y se continúa moviendo, hasta que el jugo del capulín se empieza a evaporar poco a poco y la mezcla uniforme se empieza a endurecer, cuidando que no se queme ninguna parte de la preparación. El dulce estará listo, en cuanto esté casi seco y firme.

Como particularidad, las semillas otorgan un toque especial al sabor, además del agradable jugueteo en la boca para los comensales, que muchas veces se deleitan partiéndolas con los dientes y comiendo el contenido de las mismas.

Tradicionalmente se sirve envuelto en hojas de maíz secas, como “tamalitos” y se degusta como golosina. En papel encerado y aún a temperatura ambiente, puede durar varios meses.

Este dulce, se puede acompañar con una copa de huiquiño, vino dulce artesanal elaborado a partir de la fermentación de los frutas conocidas como huitzitzil, este es un arbusto silvestre del que nacen pequeñas bayas similares al capulín. Esta bebida tiene un color rojizo oscuro, con un aroma característico de las bayas, sabor frutal y ligera acidez.

A través de estas delicias culinarias que cautivan la totalidad de los sentidos, podemos reencontrarnos con nuestro pasado y el visitante se podrá imbuir en la mística, la cultura e historia de esta tierra bella y milenaria que es la Sierra Norte de Puebla.

 *Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). Preside la Sociedad de Defensores de la República Mexicana y sus Descendientes A.C., autor del libro Breviario de Abadón (2013). Rojo Siena editor.

Bibliografía

Torres Molina, Luis E. & Molina Bonilla, Amparo. (2023). La Transformación de la Sierra Poblana a través de los ojos de un maestro liberal. México: IPPI-CONCYTEP. Recuperado el 7 de julio de 2023, del sitio: https://concytep.gob.mx/publicaciones/libro-c-l-2023-02-51-la-transformacion-de-la-sierra-poblana-a-traves-de-los-ojos-de-un-maestro-liberal#1 

Montagner, L. (19 de septiembre de 2022). Receta de los chiles en nogada de la época de la Independencia. Recuperada del sitio: https://municipiospuebla.mx/nota/2022-09-19/puebla/receta-de-chiles-en-nogada-de-la-época-de-la-independencia

domingo, 18 de agosto de 2024

LA ALIMENTACION EN EL MUNICIPIO DE CUETZALAN: DEL CAMPO A LA COCINA Y A LA COMUNIDAD



Mafafa en guisado (Metsonkilit). Foto: Saraí Rivadeneyra Morales, 2023.


Gabriela Vázquez González

Saraí Rivadeneira Morales* 

El territorio maseual 

Entre montañas cubiertas de neblina y lluvia, se encuentra Cuetzalan, un municipio que se localiza en la Sierra nororiental del Estado de Puebla. Con un clima que puede cambiar de caluroso a frío en un solo día, el territorio se encuentra a 930 metros de altura, cuenta con 8 juntas auxiliares. San Miguel Tzinacapan, San Andres Tzicuilan, Reyeshogpan, Santiago Yancuitlalpan, Xiloxochico, Xocoyolo, Yohualichan y Zacatipan. La población es nahua hablante. 

En el municipio, las comunidades acostumbran a celebrar sus diferentes ferias patronales y mayordomías con actividades como la danza, el adorno tradicional, el xochipitsaua,  el huapango y por supuesto, el mole. En una fiesta o mayordomía tradicional de una comunidad, se escuchan tambores, flautas, violines, castañuelas y cascabeles de los diferentes grupos de danza como los Quetzales, Toreadores, Negritos, Voladores, Santiagos, por mencionar algunos. Las danzas y sus rituales se llevan a cabo para agradecer y pedir por la siembra, las cosechas, las lluvias y la vida misma. 

Si bien durante los últimos cien años, en los cerros se han sembrado  matas de café y pimienta, el territorio ha alimentado a diferentes generaciones de seres humanos con la diversidad de alimentos que ofrece la milpa: el maíz, la calabaza, el frijol, los quelites, chile,  jitomate, entre otros. Además, se cosechan frutas: plátano, naranja, maracuyá, mamey y guayaba y, por si fuera poco, la tierra ofrece una variedad de plantas medicinales. 

La milpa, las mercancías y productos agrícolas se han desarrollado gracias al trabajo de los campesinos y campesinas. Las mujeres son quienes cuidan, preservan las semillas, se encargan de seleccionar las mejores y de resguardarlas para la próxima siembra, pero además guardan el conocimiento e interés de sembrar porque son ellas las que necesitan de las semillas para preparar los alimentos: las tortillas, los atoles y comidas que utilizan ingredientes como los quelites, frijoles y chiles que son la base de la alimentación maseual.

Chiltamoltat. Foto: Saraí Rivadeneyra Morales, 2023.


Radio Comunitaria Tsinaka: un medio que cuida y defiende el territorio

Una de las comunidades en las cuales se preparan estos alimentos en la vida cotidiana es San Miguel Tzinacapan, junta auxiliar de Cuetzalan. En dicha comunidad existe un arraigo de la identidad cultural, que se refleja principalmente en la preservación de las danzas tradicionales. Hace diez años, en esta comunidad nació el proyecto Radio Tsinaka, una emisora que busca fortalecer la identidad y la estructura comunitaria promoviendo la defensa del territorio, la cultura y la igualdad de género. Uno de los ejes por medio de los cuales esta emisora promueve el amor y defensa de la tierra y el agua es a través de la difusión de la cultura culinaria.

En este sentido, ha mostrado que existe una gran variedad de platillos e ingredientes que se pueden conseguir en las milpas o que se recolectan por temporadas en el rancho y que construyen esa identidad culinaria maseual. Además, visibiliza que las mujeres son quienes se encargan en su mayoría de la recolección y preparación de los platillos para el sustento diario así como en las celebraciones especiales, por ejemplo en Todos Santos y Semana Santa. 

En el año 2002, Radio Tsinaka llevó a cabo el proyecto “Xitamaseuakan, sazones de nuestra cultura”, en el cual produjo la radio novela Nanaj Kelaj y la publicación de un recetario con diferentes comidas de la región. Por medio de entrevistas con abuelas y abuelos de diferentes localidades, fue posible conocer y recordar algunas comidas y atoles que se han dejado de preparar a lo largo del tiempo. Además, las personas relataron sus anécdotas en la recolección de los ingredientes y preparación de los alimentos y a partir de ello fue posible la construcción de personajes y la trama de una historia alrededor de la vida culinaria y comunitaria.

Nanaj Kela es una radionovela de 10 capítulos en lengua nahuat y en español que tiene como tema central la cultura culinaria del municipio de Cuetzalan. Se narra la vida de Doña Quela, una mujer indígena y campesina de 60 años que vive su mayordomía del Padre Jesús al lado de su hija Ocotlán, su hijo Artemio, sus nietas Lupita y Enedina, así como su nuera Conchita. Al lado de su comadre Aurelia reflexiona sobre la importancia de la vida comunitaria, el trabajo en el campo y la participación de las mujeres. Los diez capítulos pueden ser escuchados en español y en nahuat en la página https://nanajkela.radiotsinaka.org/, donde también es posible acceder al recetario. 

El trabajo que se realizó fue financiado por el Programa de Acciones Culturales Multilingües y Comunitarias (PACMYC). El propósito de éste proyecto, además de recopilar y plasmar recetas o comidas típicas que elaboran las mujeres nahuas, es visibilizar la importancia de la labor de las mujeres dentro de sus familias y comunidades, así como en el campo como guardianas de semillas y campesinas.

Algunas de las comidas que se han obtenido de la investigación realizada y que se preparan en la historia de nanaj Kela son las siguientes:

 

Chilayot. Foto: Saraí Rivadeneyra Morales, 2023. 


CHILAYOT 

El chilayot es una comida que se prepara comúnmente. Este alimento particularmente es picoso y puede elaborarse prácticamente durante todo el año, los ingredientes son fáciles de conseguir. 

INGREDIENTES: 

Porción para 10 platos 

6 Chiles jalapeños cocidos. 

6 Jitomates 

250 gramos de ajonjolí 

1 diente de ajo 

500 gramos de frijol peruano  

MODO DE PREPARACIÓN: 

Se ponen a cocer los frijoles en el fogón. 

Aparte en otra cazuela se hierven los chiles junto con el jitomate. Después se limpia y tuesta el ajonjolí para posteriormente molerlo en el metate. 

Una vez que los chiles y el jitomate se han cocido se muelen en el metate junto con el ajo.

Ya que está molido todo, se agrega a la cazuela de los frijoles cocidos, se dejan a fuego bajo unos 10 minutos y están listos para disfrutar.  

(Receta de Aurora Mendoza, comunidad de Tecolapan, San Miguel Tzinacapan, Cuetzalan)


La mafafa en estado silvestre. Foto: Saraí Rivadeneyra Morales, 2023.


METSONKILIT (MAFAFA) 

Es un quelite que se cosecha casi todo el año, es poco consumido a pesar de su gran valor nutrimental; es de hojas grandes, tiene un borde morado en la parte de atrás de la hoja y así se sabe que es el quelite comestible.

INGREDIENTES:  

Para 8 platos 

6 hojas de mafafa (Metsonkilit

250 gramos de ajonjolí 

4 chiles serranos. 

MODO DE PREPARACIÓN: 

Se limpian las hojas de mafafa. Se le van quitando las venitas para que quede la pura hoja, después se pone a hervir durante unos 10 min.

El ajonjolí se tuesta en un recipiente por unos 7 minutos a fuego bajo, después se muele en el metate con los chiles verdes serranos; ya teniendo la salsa se le agrega a los quelites y se deja hervir unos 10 minutos más. 

(Receta de María Aurelia Diego, de la comunidad de Tixapan, Cuetzalan).  

 

Tapicón  o Nexkijit. Foto: Lourdes Yanalte Cabrera Ramírez, 2023.


CALDO DE TAPICÓN (NEXKIJIT) 

De las comidas que se preparan en una temporada especial tenemos a la planta del Tapicón o Nexkijit. El tapicón es un fruto que se recolecta en el campo, que cuando están maduros tienen un color rojizo; las hojas de la planta se aprovechan para envolver tamales. 

Típicamente esta comida se prepara a finales de octubre y a principios del mes de noviembre cuando es la temporada de máxima cosecha de este fruto y es habitual que se cocine para la fiesta de Todos Santos. 

INGREDIENTES: 

Porción para 6 platos. 

2 kilos de Tapicón

250 gramos de ajonjolí   

Hojas de pimienta (al gusto) 

Chiltepín (al gusto)

MODO DE PREPARACIÓN:

Se limpia el Tapicón, retirando la cáscara. La pulpa amarilla que se obtiene se va colocando en un recipiente para después limpiarla y quitarle las pequeñas semillitas. Una vez que la pulpa está limpia se coloca en un recipiente con agua hervida. Se cuece durante 20 min. 

Por otro lado, se limpia y tuesta el ajonjolí. Una vez tostado se muele en metate junto con el chiltepín 

Se agrega el ajonjolí molido al Tapicón, cuando está hirviendo. 

Se adicionan las hojas de pimienta, al gusto para dar sabor.

(Receta: Aurora Mendoza, comunidad de Tecolapan, San Miguel Tzinacapan, Cuetzalan).


TAOLATOL (ATOLE DE MAÍZ) 

 Una bebida que era muy común y ahora se acostumbra poco, es el atole de maíz. Se puede preparar en casi todo el año. 

INGREDIENTES: 

Para 2 litros  

 ¼ de Maíz 

Piloncillo o panela (al gusto) 

MODO DE PREPARACIÓN:  

Se muele el maíz en el metate y se le va quitando la cabecita (pedicelo). Se pone a hervir hasta que se cueza o se truene bonito, esto tardará como una hora.

Después se le agrega un trozo de piloncillo para endulzar y se espera unos 10 minutos más y queda listo para beber.

(Receta: María Aurelia Diego, comunidad de Tixapan, Cuetzalan).

 

Las anteriores son algunas de las recetas que se pueden obtener del municipio de Cuetzalan y que no solamente muestran la historia y la identidad, sino que su preparación y consumo representan un vínculo con el territorio y un cuidado a nuestro propio cuerpo.

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*Productoras de Radio Comunitaria Tsinaka.

domingo, 11 de agosto de 2024

EL PAN DE BURRO DE SAN JOSÉ MIAHUATLÁN, PUEBLA

 

                                                   El pan denominado Panazocalo . Foto: Naybeth Fernández.

     Martha Naybeth Fernández García*     

El municipio de San José Miahuatlán debe su nombre al señor san José, cuya imagen se encuentra en la iglesia principal. El término Miahuatlán proviene de las palabras en náhuatl miahuatl y tlan que significan lugar de la espiga del maíz (Franco, 1976).

    El pueblo tiene origen nahua-popoloca por lo que buena parte de su población aún habla la lengua náhuatl. Los fundadores de este lugar provenían del rancho Tecpa, que se ubicaba entre los pueblos de San José, Chilac y San Mateo.

    En los años de 1616 los virreyes Luis de Velasco y Diego Fernández de Córdova realizaron la donación de dos sitios de ganado menor y cuatro caballerías de tierra ubicadas cerca de San José (Paredes Colin, 1960). De acuerdo a la división territorial del estado de Puebla, el municipio  de San José Miahuatlán se creó el 27 de mayo de 1837 conforme al decreto del Acuerdo de la Excelentísima Junta Departamental, nombrando como cabecera municipal a Miahuatlán.

    Entre los alimentos tradicionales que se consumen y producen en este lugar, figura el pan de burro denominado así por el medio en que se transportaba hace tiempo para su distribución, también se le conoce como pan redondo, por la forma que tiene. Es un pan artesanal que según algunos ya se comercializaba desde finales del siglo XIX en los distintos municipios de la región, inclusive en los estados de Veracruz y Oaxaca. Actualmente se distribuye en otras entidades del país, inclusive se lleva en pequeñas cantidades a los Estados Unidos, para consumo de las personas de la región que habitan en aquel país, debido a su fácil conservación que puede durar desde dos semanas hasta un mes, sin presentar alteración alguna en el sabor o color.

Variedades de pan de burro

Existen diferentes tipos y sabores de pan de burro como: mantecayo, panistac, san-ijki, pan cemita, pan de panela y panazocalo.

  • Pan de manteca o de azúcar (mantecayo). La textura de la corteza es suave y gruesa, con un sabor dulce y un aroma determinado por los ingredientes que contiene.
  • Pan de sal (panistac). La textura es un poco firme y gruesa, mientras que el sabor es un poco salado por el ingrediente principal que es la sal de grano proveniente de Zapotitlán Salinas; el aroma se percibe de manera suave.
  • Pan de agua (san-ijki). Este tipo de pan, a diferencia de los demás, carece  de algún ingrediente extra; tiene una textura un poco seca y rígida al cortar (chiclosa), sin embargo cuenta con un delicioso sabor y aroma proporcionada por la masa madre conocida como Xococ. 
  • Pan de trigo (pan-cemita): Esta variedad de pan tiene como ingrediente principal la cemitilla; es rico en fibra, la corteza es ligeramente áspera, con un sabor agradable y aroma único, la migaja es de color café a diferencia de los demás. En la migaja se puede observar pequeñas partículas de la cemitilla.
  • Pan de piloncillo (pan de panela). El ingrediente que distingue esta variedad de pan es el piloncillo, el sabor dulce del piloncillo y aroma se hace presente en cada mordida.
  • Panazocalo. Consiste en un pan de sal que encima lleva nochistle, un elemento orgánico que se obtiene del nopal (grana cochinilla) el cual es mezclado con azúcar; anteriormente sólo se podía consumir el día de muertos y en la temporada de carnaval, pero actualmente ya se puede saborear mínimo cada semana.

Durante las festividades del día de muertos el panazocalo era conocido también como pan tochi o pan de conejo, ya que en esta temporada se le daba la forma de un conejo a este tipo de pan.

                              El pan se saca del horno y se coloca en un una tabla denominada huepale. Foto: N. F.

Proceso de elaboración del pan

Aproximadamente a las 5 o 6 de la tarde del día anterior al horneado, se comienza a trabajar con el xococ (masa de fermentación, o bola de harina hecha masa que fue separada del resto de la del día anterior y se dejó reposar), se amasa con agua tibia hasta convertirse en atole, al disolverse completamente se comienza a revolver con harina hasta obtener nuevamente la consistencia de masa, la cual otra vez debe reposar durante toda la noche para ocuparse al día siguiente. Los trabajos de la elaboración del pan se inician a partir de las 4 a 5 de la mañana.

De acuerdo a la actividad que desarrollan en el proceso de elaboración del pan, las personas que participan reciben los siguientes nombres:

El xococtlali es quien elabora el xococ para el pan del día siguiente.

Tlapatla es la persona que se encarga de mezclar los ingredientes (xococ, azúcar, agua y harina, depende del tipo de pan que se desea elaborar); esta masa es la preparación final para el pan, lo cual se lleva a cabo dentro de una artesa (recipiente de madera en forma de canoa alargada).

Cuando es nueva la artesa, ésta se debe de lavar bien para posteriormente ponerle manteca y secarla al sol durante una tarde para que no tenga fugas de agua. Al iniciar la preparación de la mezcla primero se debe de esparcir la harina en toda la artesa y después se coloca el resto de los ingredientes.

Tlashacualoa: se les denomina a las personas que amasan la masa de harina que fue previamente preparada por el o la tlapatla.

Tlamatlalia: elaboración de bolitas de masa, las cuales van de acuerdo a la cantidad que se desee obtener por un bulto de harina o el tamaño de pieza que se quiere hacer.

Tlapatlahua: se denomina a la persona que da forma a la bolita de masa en círculo para el pan y así obtener un pan redondo. Al terminar de dar forma al pan, la misma persona se encarga de ir a colocar los panes en petates con sábanas blancas para que repose durante dos horas, en tiempo de calor; en tiempo de frío llega a tardar en reposo de tres o hasta cinco horas aproximadamente.

Tla-kishiti: persona que se encarga de hornear el pan. Debe limpiar el horno durante la noche anterior, colocar la leña dentro para que al día siguiente se prenda; se debe de encender de cuarenta minutos a una hora antes de hornear el pan.

Al estar ya en el punto de calor para hornear el pan, debe limpiar el horno antes de introducirlo, para evitar que se ensucie con la ceniza de la leña. Este procedimiento se lleva a cabo mediante el empleo de un carrizo el cual lleva en la punta una tela mojada para recoger la mayor parte de cenizas.

Para saber si el pan ya se encuentra listo para ser horneado, se toma de una a dos piezas de las que se encuentran en reposo en el petate, con la ayuda de una pala (palajcuahutl), luego se las coloca dentro del horno, para su cocción y ver si la masa ya se encuentra en su punto.

Si el pan sale quemado en la parte de enmedio o con manchas negras significa que aún no está listo, pero si el pan sale bien cocido de manera uniforme, se comienza a hornear el resto del pan.

Cuando el pan está listo, se ocupa la pala para sacarlo, para este proceso se ocupa un petate que se coloca enfrente o a un lado del horno.

Otros nombres que se les da a los panaderos según su actividad específica: pansasacac: persona que se encarga de acarrear el pan del horno a los petates para que el producto se enfríe y no se maltrate; tlaishpopo: persona que limpia el pan con ayuda de una tela de manta, con el fin de evitar que tenga ceniza; y tlatetema: persona que acomoda el pan.

Para trasladar el pan cuando ya está listo, se ocupa el huepale, tabla exclusiva para acarreo de pan, la cual se acomoda cerca del horno y se apoya con una silla, en dicha tabla se acomodan los panes en dos filas (uno abajo y uno arriba). 

                                           Dos tipos de pan de burro, listos para consumirse. Foto: N. Fdez.

Comercialización del pan

Cuando el pan se traslada a lugares lejanos, se acomoda en petates y dos sabanas de manta; se acomoda en hileras de 10, luego se tapa (tapachoa) de manera adecuada y finalmente se amarra con un mecate de ixtle, (caben aproximadamente 200 piezas en un petate); posteriormente se acomodan los petates a los costados de un burro, anterior medio de transporte para el pan, de donde tomó el nombre de pan de burro.

Algunas de las poblaciones donde se comercializa el pan son: Tlacotepec de Díaz, Orizaba, Córdoba, Paso Zihuatl, Zaca-Tlilihuic, San Pablo Zoquitlán y demás municipios vecinos.

Cuando la venta se lleva a cabo a domicilio, el producto se acomoda dentro de una canasta grande cubierta en su interior con unas sábanas. 

Familias de panaderos

    La pareja de panaderos conformada por el señor Miguel Pedro Ortega y María Antonia Laredo procreó un hijo Mariano Luis Ortega Laredo y una hija, Refugia Ortega Laredo; ambos continuaron el oficio familiar junto con sus respectivas parejas. 

Se tiene registro de que Mariano Luis Ortega Laredo se dio de alta en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público el día 2 de enero de 1945 con número de registro OELM-950506, con número de referencia 62-62-2, con clave de oficina 144.03-0.

Ortega Laredo contrajo matrimonio con la señorita Celedonia Dorantes Rosas, pareja que concibió cuatro hijos durante su matrimonio el primero se llamó Cayetano Ortega Dorantes, el segundo hijo fue Juan Ortega Dorantes, el tercero, Modesto Ortega Dorantes y su última y única hija fue María Petra Ortega Dorantes. Sólo dos de los hijos  continuaron con el oficio de la panadería.

Continuaron el oficio de panaderos en Miahuatlán: Sara Ortega Escamilla, Minerva Rodríguez Ortega, Silvia Castillo Rodríguez; María Ortega Escamilla, Josefina Galicia Ortega. Además de Martín Ortega Rivera; Ana María Ortega Correo, Albi López Ortega; Elena Ortega Correo; Luis Ortega Correo y Juventino Ortega Correo.

Pan reposando en un petate, recién salido del horno. Fotos: N. F.

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*Cronista municipal de San José Miahuatlán, Puebla.

domingo, 4 de agosto de 2024

LOS USOS DEL MAÍZ EN LA CULTURA ALIMENTARIA DE SANTA MARÍA COAPAN EN TEHUACAN

                                                             Mujer desgranando maíz en México. Foto: Conaculta. 

Isaura Cecilia García López[1]

La región de Coxcatlán en Tehuacán, reconocida a nivel mundial por ser el lugar en donde se encontraron los restos más arcaicos de los alimentos que se consumieron desde la antigüedad, resguarda las primeras mazorcas, muestra de la domesticación del maíz, además de restos de calabaza, chile, agave, amaranto, aguacate, frijol, ciruela, zapote, cacahuate, guayaba, tomate y algodón. 

         La trascendencia histórica del maíz en la región del valle de Tehuacán donde se encontraron 12 razas diferentes (García-Cook, 1997) y lo prolífico de su producción, contrasta en la actualidad con la crisis por la baja productividad, el empobrecimiento del campo, más la constante implementación de semilla mejorada, transgénica, más la contaminación provocada por la maquila y las plantas avícolas y porcícolas, deviene en la falta de atención de las autoridades con políticas poco adecuadas. 

        En tanto, la región mantiene su cocina tradicional, donde se conservan los usos culinarios ancestrales de este preciado grano, sustento básico de los mexicanos. Por ejemplo, a unos 50 km de Coxcatlán encontramos la localidad de Coapan, ubicada apenas a 5 km de la ciudad de Tehuacán, cuyos habitantes reproducen la elaboración de tortillas con maíz criollo.

En este contexto, el artículo tiene por objetivo, explorar, describir, aproximarnos a la cultura de la alimentación en Coapan, riqueza patrimonial del Estado de Puebla; con ello llamar al cuidado y conservación del maíz criollo en sus diversas variedades y reconocer su riqueza y colorido, en la elaboración de alimentos que constituyen nuestra cocina tradicional (García López, 2017).

Producto de la domesticación, en la actualidad el maíz en la región del Valle de Tehuacán en 2022 alcanzó las 70 mil 823 hectáreas en las siguientes variedades: grano blanco, azul y rojo. Reconocemos sus valores socioculturales, como acompañante alimentario en el desarrollo de los pueblos a niveles:  

Ø  Simbólico: El maíz es elemento de identidad y orgullo nacional, símbolo de soberanía nacional. Para la colectividad de la población campesina en México, el maíz es importante por su valor de uso, mayormente significado por encima del valor de cambio.

Ø  Ritual: Muchos de los rituales anuales en las zonas rurales. están asociados a la bendición de semillas, peticiones de lluvia, levantamiento de cosechas, etc.

Ø  Representación: tanto a nivel nacional como internacional, México se reconoce como la tierra del maíz. Elemento de representación y reproducción cultural, de ahí los esfuerzos de la campaña “Sin Maíz no hay país”

Ø  Alimentación: es la base de la alimentación mexicana, por lo tanto, existe una gran variedad de platillos e invenciones culinarias que tienen como principal ingrediente al maíz.  Componente indispensable en la cultura de la alimentación de México, con una variabilidad biológica, tamaños, colores, dureza, se integran fácilmente y conforman una diversidad culinaria, lo cual hace de esta especie la base sustantiva del sistema tradicional de la alimentación mexicana, además de ser también parte de la alimentación en muchos países de América Latina.  

Simbólicamente importante, base fundamental del origen mítico del pueblo mexicano el maíz hoy permanece como una planta sagrada que fundamenta la identidad de los pueblos mesoamericanos, es parte de la vida, del calendario ritual y cosmogónico.

Lo paradójico es que, pese a la diversidad, a la riqueza de sus usos por variedad, textura y sabor, nuestro país no es auto sustentable, pues se requiere 45 millones de toneladas para el consumo nacional anual, en tanto que se producen solamente entre 27 y 28 millones de toneladas por año[2].

Por lo que se refiere al Estado de Puebla, de acuerdo con los informes del INEGI, en la encuesta intercensal de 2015, se subrayó que Tehuacán es el municipio con mayor superficie sembrada de Puebla y aporta el 4.8% del valor agrícola de la producción estatal.

En Tehuacán se mantiene la variedad y tipos de maíces, pero pese a los intentos, la crisis pervive debido a:

Ø   Productividad: Falta de agua para los propietarios de tierras y ejidos y/o falta de extensiones de tierra para su cultivo a causa de la estandarización del modo de vida urbano. Ausencia de mano de obra.

Ø  Empobrecimiento del campo, como consecuencia de lo anterior.

Ø  Semilla mejorada, es una alternativa para la solución de la crisis alimentaria, para mejorar la productividad y el rendimiento por hectárea.

Ø  Contaminación del agua y suelos por las maquilas, que han impactado de manera especial los mantos acuíferos, al mismo tiempo esta actividad absorbe la mayor parte de la mano de obra local.

Santa María Coapan

Santa María Coapan (coa: culebra o víbora, pan, lugar o río), es un pueblo, ahora junta auxiliar, localizada a un costado de la ciudad de Tehuacán, aproximadamente a 4.8 kilómetros del centro. Esta relativa cercanía con la ciudad más grande del valle del mismo nombre permite que su población mantenga una forma de vida urbanizada de la mano de la reproducción de algunas prácticas culturales y sociales propias de las zonas rurales en Puebla.

Prueba de lo anterior, es que la mayor parte de sus habitantes aún se dedican a la siembra de frijol, calabaza y maíz, principalmente. Asimismo, las mujeres de esta localidad mantienen la tradición de la elaboración de tortillas a mano, mismas que comercializan en su mayoría en la ciudad de Tehuacán. Esta actividad, para muchas mujeres es la principal entrada económica, la única manera de mantener a sus familias. Actualmente es la actividad que da reconocimiento y constituye parte primordial de su identidad.

Como prueba de la trascendencia de su actividad, se erigió un monumento en honor a “La Coapeña” ubicado a la entrada principal del pueblo.


                                             Escultura de La Coapeña, Santa María, Coapan. Foto: ICGL.

Los habitantes de esta región cuentan que estas mujeres antes de que los medios de transporte se implementaran y masificaran en la zona, caminaban (o mejor dicho corrían), durante aproximadamente 25 o 30 minutos hasta llegar a la plaza principal de Tehuacán o a cualquier Iglesia de la zona centro de esta ciudad, para ofrecer sus tortillas calientitas a la salida de la primera misa del día. Algunas otras mujeres, preferían venderlas de casa en casa hasta terminarlas. Decidir el lugar de venta para sus tortillas estaba determinado por los días de plaza de la región.  La Sra. Panchita una de las coapeñas, nos cuenta un poco sobre esta actividad:

[…] yo trabajé en puro moler, puro entregar tortillas, pero a pie. A pie caminábamos y cargando la tortilla, por eso me duele mis pies ya no puedo caminar.

Caminamos de ahí donde están los mayoristas[3], […] ahí bajaba un caño, llegábamos bien sudadas, nos lavamos los pies y nos lavamos la cara y otra vez a caminar 25 min caminábamos y descalzas pues, ¡no como ahorita! tengo mis zapatos, ya ¿páque? […]. Yo digo que por eso me duelen mis pies, porque aquí pasábamos en calor, era tierra no carretera como ahorita.

          Y así nos lavábamos para entrar al mercado ¡pues! A repartir las tortillas. Ahí está caliente el piso también, ya nada más levantaba uno su pie nada más buscaba [la manera de no quemarse tanto con lo caliente del piso].

Hay gente que es muy malo, porque si te abre nada más le estas contando ya estás ahí. Hay gente que no, métase usted marchanta hace calor, está caliente el piso, unos no, si no, nada más la ventana te abre.

[…] yo le hacía mis memelitas o picadas en un cuarto de hora […] Memelitas o taquitos, memelitas de tlales, de frijol; picaditas, taco de papa, de pollo, tostadita de sal y de dulce.  Muy bonito que estaba aquí con mi canastita. ¿Pero ahora? Hora ya no es igual ya se acabó, ahora mucha gente nada más quiere estar sentado y que le den dinero.[4]

Como se puede observar, además de la venta de tortillas, las coapeñas se dedicaban a producir y vender algunas otras variantes de las tortillas como son las memelitas, taquitos y picaditas, vendidas por supuesto en menor cantidad, pero con la misma calidad en sabor, olor y textura, de maíz azul o blanco, por lo cual  merecen ser reconocidas por su prestigio, en gran medida resultado de la cultura alimentaria de este pueblo, sobre todo de las maneras de hacer de sus mujeres (De Certeau et al., 1999).

            En este orden, se define a las maneras de hacer, en términos de Luce Giard, como la secuencia de acciones lógicas tanto manuales y mentales, como mecánicas y automáticas que se realizan dentro, así como fuera de la cocina a la hora de hacer la comida[5], pero en este caso, a la hora de hacer las tortillas. Es decir, las coapeñas son reconocidas por el sabor que impregnan a sus tortillas y a la gran mayoría de productos que tienen como ingrediente principal el maíz, gracias a dos principales factores. El primero, la alta calidad de maíz, que favorece su preparación; y el segundo, se debe a esta forma única de preparar el maíz ya sea para nixtamal, elotes, esquites, tamales, atole de masa, atole de granillo azul y rojo, producto de los conocimientos ancestrales, así como de la conservación de los utensilios que hacen posible que el lenguaje culinario siga vigente entre ellas. A esto debemos añadir el tiempo que dedican a la elaboración de dicho producto.

                                                            Atole de granillo rojo. Foto: ICGL.

            Las labores de las coapeñas inician al desgranar el maíz una vez seco, para preparar el nixtamal, clasificarlo de acuerdo con su uso, tortillas, tamales, atole o memelas. Las tortillas son su principal producto, por su sabor, elasticidad y grosor, son preparadas, después de moler la masa, en delgados discos palmeados que cuecen en el comal, destinado para soportar el contenido. Alimentos de todo tipo espesos, secos, calientes o frescos. Es el sabor, la forma o el grosor, pero no es lo mismo comer sopes, gorditas, molotes, itacates rellenos de frijol, papa, o requesón, que tortillas con los mismos productos, o las memelas verdes, rojas o bandera.

            La costumbre de vender en las calles de la ciudad de Tehuacán se ha registrado desde hace poco más de 100 años, aunque puede ser que desde mucho antes, debido a que las mujeres en las ciudades principales de México, Puebla, Tlaxcala, entre muchas, acostumbraban a llevar sus canastos con tamales, tortillas, gordas rellenas y otros productos de maíz que hasta hoy encontramos afuera o en las entradas de los mercados poblanos.

            Otra actividad que destaca a las mujeres de Coapan, es su tradicional Carrera de la Tortilla, que celebran durante las fiestas a la Asunción, el 15 de agosto. En 2017 participaron 150 mujeres; durante la pandemia no se llevó a cabo, pero en el 2023 se celebró el 6 de agosto y contó con 400 mujeres, niñas, jóvenes y mayores, todas ataviadas con su vestido tradicional, la blusa, la falda y el medio mandil, los listones de las trenzas y los huaraches de piel, o descalzas, cada corredora decide su atuendo. Cabe aclarar que al evento se suman corredoras no necesariamente de Coapan, por lo cual no todas practican la actividad de elaborar, cargar además de vender sus tortillas en la plaza del centro de Tehuacán, el requisito es que las preparen y carguen; el peso varía según la edad, las niñas un kilo, las adultas 6 kilos o lo que prefieran, las tradicionales vendedoras llevaban entre 15 y 20 kilos, en un tenate cargado en su rebozo.


 XXIX Carrera de la tortilla, 2023. Fotografía: Daniel Casas[6]

Alimentos elaborados con maíz blanco, azul y rojo

El arte de cocinar de las coapeñas alcanza su esplendor con la venta de casa en casa, afuera de las iglesias o en los mercados de Tehuacán, igualmente en el pueblo se permite a los comensales degustar toda clase de guisos elaborados a base de maíz, además de barbacoas, huaxmoles y moles que se ofertan por la mañana los domingos. Es pertinente señalar que el pueblo conurbado de Santa María Coapan cuenta con un mercado culinario, donde se vende por la tarde del domingo toda clase de productos preparados con maíz, además de la tradicional barbacoa y el huaxmole.

Tortillas, atoles, tamales, antojitos y guisados

La producción de tortillas que llegan al mercado de la Purísima, en Tehuacán, elaboradas con maíz nixtamalizado, varían de acuerdo con el tipo de maíz con el cual se fabrican. En México, la tortilla es taco, es útil para comer cualquier guisado. Dobladas rellenas de flor de calabaza, hongos, huitlacoche, tinga, chicharrón, tlalitos y quesillo, son las empanadas, panes doblados como las nombró Sahagún (Sahagún, 1999), humeantes con salsa verde o roja, se sirven calientitas, elaboradas en comales de barro espolvoreados con cal, no requieren aceite. En Puebla son tradicionales las gorditas o memelas de maíz azul rellenas de frijol molido/machucado, bañadas en salsa verde, roja o bandera, con queso y tlalitos encima. En Coapan es esperado el domingo para disfrutar, lo mismo pellizcadas (sopes), tacos, tostadas, que los atoles de granillo rojos y azules, algunos con auténtico maíz de color, tal vez otros pintados, pero todos con gran sabor y textura gruesa que marca el maíz martajado, elaborado con panela, canela, frutas, semillas o natural.


                                              Cocineras coapeñas. Foto: Ramona Miranda (Conaculta).

Atole de granillo

Para su preparación se remoja el maíz, se muele una parte para el granillo, separada de otra para el atole; se cuela con la coladera, se cuece durante tres horas (varía por la cantidad de agua, aquí se refieren a la olla de 20 litros), se le agrega canela y piloncillo; el sabor varía de acuerdo al color de maíz, se sirve en tazón porcelanizado, se acompaña con pan tradicional, de Ajalpan o de la localidad. 

Quesadillas

La tortilla es el plato, pero el manjar es la quesadilla, hay dos maneras de hacerlas con tortilla palmeada, rellenas de queso fresco o añejo; en tanto que de maíz blanco o azul se preparan después de cocer el maíz con agua y cal, se cuela, cierne y muele, la masa se mezcla con manteca derretida, con agua -puede ser de las cáscaras del tomate-, se agrega sal -antiguamente tequesquite asentado-, se espolvorea un poco de harina de trigo, se forma una rueda que se va alargando se agrega, queso, flor de calabaza, separada del centro, lavada escurrida; otros rellenos pueden ser de chicharrón, huitlacoche, tinga, picadillo, requesón con epazote y hongos; se cierra oprimiendo las orillas, para que peguen, mientras se calienta el comal y se fríen en manteca, se escurren y se comen acabadas de hacer bañadas en salsa verde o roja.  

En Coapan además se venden gorditas de frijol azul y blancas, para las cuales se amasa y se agrega el frijol, envolviéndolo con la misma masa y se aplana con máquina o mano, se termina de aplanar y de dar forma a mano palmeándola y se cuece en el comal. Una vez cocida se agrega salsa verde o roja y queso añejo rallado.

                                                   Comensalidad en el mercado de Coapan. Foto: ICGL.

La oferta gastronómica se amplía a tostadas de tinga, pollo y pata de res, y no pueden faltar los tacos dorados de pollo y papa. Cabe aclarar que todos los alimentos ocupan como base la masa y se cocinan al momento, no así los tacos y las tostadas que se preparan con tortilla de máquina.

Coapan es tan solo un ejemplo de la riqueza gastronómica del estado de Puebla, que a pesar de la globalización, de las restricciones económicas, de los fenómenos migratorios, puede mantener una cocina del maíz que sobrevive al paso del tiempo.

Referencias bibliográficas

De Certeau, M., Giard, L., & Mayol, P. (1999). La invención de lo cotidiano 2. Habitar, cocinar. Universidad Iberoamericana.

Esteva-Figueroa, G. (2014). La libertad de aprender. Revista Interuniversitaria de Formación Del Profesorado, 28, núm.2, 39–50.

Flores-Cruz, Luis A., García-Salazar, José A., Mora-Flores, José S., & Pérez-Soto, F. (2014). Producción de maíz (Zea mays L.) en el Estado de Puebla: un enfoque de equilibrio espacial para identificar las zonas productoras más competitivas. Agricultura, Sociedad y Desarrollo, 11(2), 223–239.

García-Cook, Á. (1997). Richard Stockton MacNeish y el origen de la agricultura. Arqueología Mexicana, 25, 40–43.

García López, I. C. (2017). Cultura alimentaria en la Sierra Norte de Puebla. In Alimentación cultura y territorio. Acercamientos etnográficos (pp. 29–54). Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Sahagún, F. B. de. (1999). Historia general de las cosas de la Nueva España (Á. M. Garibay (ed.)). Editorial Porrúa.



Notas:

[1] Historiadora y antropóloga social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia; Profesora-Investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. En esta investigación apoyaron los entonces alumnos del Seminario Espacio cultura y alimentación: Lic. María del Rosario Buenavad González;  Mtra. Rocío Luna López y el Mtro. Hugo Núñez Gómez.

[2] Revisar en El economista, México aumenta dependencia de maíz importado (eleconomista.com.mx), consultado 03/09/2023.

[3] Actual lugar en donde se establece la plaza principal en Tehuacán los días sábados.

[4] Entrevista realizada por Isaura García, el 18 de marzo de 2012 a la Sra., Francisca Gudelia Flores Díaz en Santa María Coapan, Tehuacán-Puebla.