domingo, 24 de noviembre de 2024

EL ORIGEN DE LOS TEXTILES DE LANA EN YAONÁHUAC, PUEBLA

 

 Amarrado de puntas. Foto: Cirilo Salazar.


Cirilo A. Salazar Morelos* 

El pueblo de Yaonáhuac, es rico en historia, leyendas, tradiciones y costumbres, así como en artesanías; su existencia data desde el año 600 antes de nuestra era. Comprendía un extenso territorio que abarcaba los municipios actuales de Yaonáhuac, Teteles de Ávila. Castillo, Atempan, Hueyapan y parte de Tlatlauquitepec.

          En el año de 1480 fue conquistado por los aztecas, comandados por su tlatoani  Itzcóatl, quien en ese año inició la conquista de toda la parte norte y oriente de lo que hoy conforma el estado de Puebla. Yaonáhuac fue un gran señorío que fue obligado a pagar un cuantioso tributo, de acuerdo a lo que se producía en el campo y lo que tejían sus habitantes. De acuerdo a su producción le fue asignado aportar cada mes: un senshiquipilli de xochiocotzot, es decir, ocho mil piñas o panes del árbol de ocote, pero lo más difícil era entregar 20 piezas tejidas de lana, entre ellas. payojmej (chales), quexquemits (huipiles y cotones), pashas (fajas), así como de cueyitmej (faldas).

          Las xochiocotzot o piñas de ocote eran usadas para encender fogatas y para proporcionar iluminación a sus templos, así como entibiar las habitaciones de los sacerdotes del imperio azteca; los chales, huipiles, cotones, fajas y faldas, eran usados por los sacerdotes y sus esposas para cubrirse del frio en los días de invierno; cada mes pasaban a recogerlos en el reino de Tetelictic, Tetetzalan o Tetelnepanolco los tamemes conocidos como tamamajquej, es decir, los hombres que cargaban todo el tributo recogido.

          Por el año de 1400 llega a Nanacatepec, procedentes de Tzicuilan, un gran número de personas huyendo de la peste y se asientan en ese lugar o territorio del imperio de Tetelictic, Tetelnepanolco o Tetetzalan, posteriormente denominado Yaonáhuac; dichos ciudadanos procedían de tierra tropical, en donde se cultiva el café, la naranja, la pimienta, el plátano, el chiltepín, entre otros productos, además de maíz y  frijol. Después de haberse situado en esta parte, el tlatoani de Tetelictic fue avisado de la presencia de estos extraños, por lo que manda a su ejército a someterlos para ubicarlos más cerca, en una comunidad que se denominaba en ese entonces y en la actualidad, Hueyapan y así tenerlos vigilados; una vez sometidos fueron obligados a trabajar para el reino de Yaonáhuac.

Los varones tenían que recoger las piñas de ocote y entregarlas al reino, mientras que a las mujeres se les enseñó a tejer y bordar chales, fajas, huipiles, cotones, y enaguas; todas estas prendas eran realizadas con lana pura. Estos hombres y mujeres estuvieron sometidos al reino de Yaonáhuac, hasta el año de 1778.

Telar de pedal. Foto: Arturo Cristanto..

          El proceso de confección de chales, huipiles, cotones, enaguas y fajas que desarrollan los artesanos de Yaonáhuac, es el que se describe a continuación:

Trasquila del borrego. Es el primer paso, que consiste en cortar la lana que cubre el cuerpo de un borrego lo cual se realiza principalmente en los meses de primavera, debido al buen clima que prevalece en esa estación, ya que esto evita que los animales adquieran una enfermedad en la piel debido a la trasquilada.

Lavado de la lana. La lana se lleva al rio, en donde se remoja en el agua, mientras las mujeres buscan y arrancan unos camotes largos que reciben el nombre de ajmol, los cuales machacan con una piedra en medio de la lana, el líquido que sueltan se usa como jabón para lavar, ya que producen mucha espuma y un aceite natural que quita la suciedad. Una vez lavada la lana, se traslada a la casa y ahí se extiende y  se deja secar.

Cardado. Esto se hace con unos instrumentos que reciben el nombre de cardadores, en cuya parte central se coloca la lana y se comienza a restregar, con el fin de que quede desenredada y extendida.

Hilado. Después de cardada la lana, se van tomando partes de la misma, se estira con los dedos y se va enredando en un malacate, que tiene como base un cajete de barro, el cual se va girando para obtener el hilo con el que se forma una madeja.

Tejido. Para este proceso los hilos se colocan en un urdidor, pero cuando se carece de éste, se clavan varias estacas en la tierra y en ellas se colocan y reparten los hilos.  Una vez repartidos los hilos se coloca un palo delgado de madera en cada extremo y a continuación, se le coloca un hilo para sujetarlo a un árbol o a una estaca clavada en la tierra, en el otro extremo se coloca el palo que lo sujeta, al cual se le enreda un hilo, pero además la persona que va a tejer se coloca un mecapal en la cintura. Con un tzotzopaxtle (instrumento de madera que tiene la forma de una espada, con una parte gruesa y la otra delgada) se va apretando el hilo de lana que se va colocando en los hilos ya puestos en el telar de cintura, así sucesivamente hasta terminar el tejido.

Teñido de hilos y bordado. Para este paso se hierven los hilos en una olla o cubeta, con algunas plantas de la región que sirven para teñir: añil, tintura de cochinilla o quaquistle. Antiguamente para hervirlos se hacían hoyos en la tierra llamados tenamaxtles. El siguiente paso del proceso es realizar la decoración sobre el lienzo, para lo cual en primer lugar se bordan las orillas de las prendas con grecas y con punto de cruz o puntada antigua y en lo que resta del lienzo se le bordan figuras de animales, santos y flores.

Amarrado de puntas. Como a todas las prendas siempre les dejan punta, estas se amarran de manera decorativa, torciéndolas manualmente hasta lograr un precioso adorno.

Bordado en punto de cruz sobre tela de cuadrillé. Foto: Arturo Crisanto.

          Las primeras prendas que se confeccionaron en la época prehispánica eran del color natural de la lana obtenida de los borregos, como blanco, café, negro y poshco (grisáceo), de acuerdo al color del borrego que se hubiera trasquilado,

           Con el tiempo, los antiguos artesanos yaonahuences, por medio del intercambio comercial que tenía el reino de Tetelictic con otras culturas, adquirieron e intercambiaron colorantes, entre ellos añil y tintura de cochinilla para teñir y dar coloración a sus prendas, hacerlas más preciosas y llamativas y darles mayor realce, con los que lograron producir variedad de colores: negro, guinda, azul marino, fiusha, rosa, entre otras combinaciones.

          Decían los habitantes del reino azteca en su lengua original heredada e impuesta a los antiguos yaonahuences: ¿ton se payo? (¿qué es una tela de lana?) A lo que los fabricantes contestaban: se payo yesqui se tasal tojmit ton se mo huijcomia se quelpachogua se nipan huan con amo se sekui, cuya traduccón significa en español: “un rebozo es una tela de lana que se envuelve y dobla uno en la espalda para no tener frio”.

A continuación, se describe el tipo de prendas elaboradas por los artesanos:

Payoj o chal. Es un lienzo tejido de lana en forma rectangular, en cuyos extremos se les dejan unas puntas de lana, las cuales se amarran estéticamente para un mejor lucimiento, de la mujer que lo usa.    

Cotón de mujer o (sihuatl quexquemitl). Un cotón de mujer es una tela de lana bordada con figuras de animales; actualmente el más característico y que se comercializa mucho lleva un pavo real, pero también pueden adornarle palomas, mariposas o flores, con grecas en las orillas. El largo de esta prenda es de 1.60 m a 2.00 m, por 60 cm de ancho, dependiendo de la altura de la persona que lo vaya a usar; todos llevan 17 centímetros de punta en cada lado y en el centro tiene una abertura de 40 centímetros por donde se mete la cabeza y deja libre hasta el cuello, cubriendo del frío la espalda y el frente. En la época prehispánica las medidas que se usaban eran mucho menores a las actuales, debido a la baja estatura de las mujeres, por ejemplo un cotón tenia de largo 8 jemes (aproximadamente 96 cm) y para las mujeres más altas tenían hasta 12 jemes de largo. (Según la RAE, un jeme es  la distancia que hay entre la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado uno del otro todo lo posible).

Cotón de hombre o (tagat quexquemic), consiste en una tela de lana de 1.70 a 2.00 m de largo, dependiendo del tamaño del hombre que lo vaya a usar y también el terminado es con puntas, los cotones de hombre son muy poco usados en la región, generalmente en la tela se borda un caballo, herradura o también imágenes de santos, como la del patrón Santiago apóstol.

Huipil o quexquémitl. Esta prenda romboide de lana es la más característica y usada propiamente por las mujeres. La abertura para introducir la cabeza y permitir deslizarse hasta el cuello es de 40 cm. La longitud que tiene la tela desde el cuello, pasando por el hombro, brazo y cintura es de 50 cm; de pecho y de frente mide 73 cm. Las medidas en la época prehispánica serian del cuello, brazo y hasta la cintura 3 jemes; el frente, desde el cuello es de 4 jemes.

Pasha o faja. Es una franja de lana tejida que mide 15 cm de ancho por 2 m de largo, la usan las mujeres de la región para sujetar sus enaguas, también terminan en puntas. La faja se enreda en la cintura y la punta se mete por debajo de lo enredado para adquirir la presión necesaria.

Enaguas o faldas. Están elaboradas con una tela de lana de forma rectangular, que mide 2 m de largo por 80 cm de ancho, estas medidas varían de acuerdo a la complexión y estatura de cada mujer, lo importante es que les tape hasta el tobillo. Estas prendas no tienen puntas en la terminación.

          Después de la conquista por los españoles el 29 de agosto de 1519, los pueblos vecinos, herederos de las enseñanzas del señorío de Tetelictic, Tetelnepanolco o Tetetzalan, poco a poco quisieron desaparecer a Yaonáhuac, por envidias, apartándose de él, creando nuevos municipios, apropiándose de sus textiles artesanales, dejando a un lado al pueblo que les enseñó.

Bordado de punto de cruz, sobre la prenda de lana. Foto: Cirilo Salazar. 

Hueyapan fue uno de los municipios que buscaban su separación, debido a que la cabecera y el gobierno se encontraban en el centro del municipio de Yaonáhuac, por lo que, en el año de 1768 el representante de los indios naturales del pueblo de San Andrés Hueyapan solicita mediante un escrito enviado al virrey de la Nueva España, Francisco de la Croix, la separación del municipio de Yaonáhuac. Actualmente este oficio se encuentra resguardado por el AGN (Archivo General de la Nación). En él, los ciudadanos hueyapanenses de aquel entonces, obtuvieron una respuesta que fue registrada en los archivos generales de la diócesis de San Juán de los Llanos, ubicada en el municipio de Libres, Puebla, en dónde el virrey determina que “Si no existe problema alguno en separar a esos dos pueblos quedando su jurisdicción en San Juan de los Llanos y otorgándoles la facultad para que anualmente elijan a su gobierno y determinando el pago de tributo para el pueblo de la Nueva España”.

Entonces, el presbítero Tomás Moreno, circunscrito en la diócesis de Santa María de la Asunción, perteneciente al municipio de Tlatlauquitepec, a la cual correspondía el municipio de Yaonáhuac, realizó un informe al virrey Francisco de la Croix, en el cual menciona acerca de la situación de estos dos pueblos, describiendo la organización, que consistía en alternar los gobiernos de los dos pueblos en un periodo anual. Es decir, el territorio sería gobernado, un año por Yaonáhuac y al siguiente año por Hueyapan, así sucesivamente. Este ordenamiento no fue cumplido quedando solamente gobernado por el pueblo de Yaonáhuac.

Asimismo, menciona también lo siguiente: “Que están sujetos al gobierno de Santiago Yaonáhuac, y por este motivo padecen notables vejaciones”.  Finalmente concluye que la separación no presenta ningún inconveniente, salvo por la cuestión tributaria, debido a que ambos pueblos se consideraban muy pobres. Hasta que el 3 de octubre de 1768, analizando los escritos presentados por las personas encargadas de informar al virrey y no encontrando motivos para rechazar la petición, se ordena la separación definitiva de ambos pueblos. Este acto fue muy difícil, porque se trataba de un territorio demasiado escabroso. La solución final del conflicto se llevó a cabo mediante una división territorial que atravesaba por las distintas zonas de ambos municipios, creando una línea divisoria que pasa por los puntos de: Tetelnepanolco, Texcalaco, Quiztepec, Coacalco, Ocotepeticpan, Carantla - Huitzontlan, Tlapactictetl, Las Cruces, San Miguel Mexcalcuauhtla, Tlamacayaxcanltzin, Tepextil, Coxoliapan, Ahuatepec, Teotlichan, Tlacotla Coacal, Xoconco, Hueital Xiucayotlan, Xiucayotlan, Yolotzinco, Xiuhcayucan, Mina, Apolatl y Mazatepec.

*Cronista de Yaonáhuac, miembro del Consejo de la Crónica del Estado de Puebla..

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Documentos antiguos de Yaonáhuac. Archivo Municipal.
SALAZAR Morelos, Cirilo Apolinar (2019). Yaonáhuac ayer, hoy y siempre, su historia. Edición de autor. 360 pp.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Topohui, culto al agua en Ixtacamaxtitlán, Puebla

 

Vista parcial del gran territorio de Ixtacamaxtitlán. Foto: Isaura C. García López.


Benjamín Portillo Muñoz*

Comúnmente leemos a otros fuera de nuestros horizontes y territorios; la formación desde afuera es el marco común de aprendizaje que nos constituye desde el inicio. Lograr pensarnos constituye una acción de compleja ejecución, porque implica observarnos frente a un reflejo tan claro que es difícil de matizar por lo familiar que nos resulta. Este texto surgió de un trabajo que compartí en el V Congreso Internacional de Etnohistoria en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, donde, al igual que yo, muchos otros compañeros se enfrentaron al difícil proceso de saberse y compartirse ante la academia a partir de sus historias, investigaciones que con profundo esmero realizamos desde dentro del corazón, desde el interior de nuestras comunidades, desde nuestro origen en las montañas y los manantiales. 

En consecuencia, mi objetivo es explicar cómo las tensiones y acuerdos relacionados al manejo del agua han influido en la reconfiguración de creencias y prácticas religiosas sobre el agua en las comunidades de Ixtacamaxtitlán, municipio sureño de la Sierra Norte de Puebla; enfáticamente alrededor de la figura mítica de Topohui, una entidad sagrada para los nahuas de la región, símbolo de equilibrio con la naturaleza. Espero con el presente trabajo contribuir a un entendimiento más profundo de la compleja interacción entre lo social, lo político y lo espiritual de estas poblaciones serranas, además de generar una grieta de inmersión para exponer otras narrativas e imaginarios de nuestras comunidades, para repensarlas como agentes activos de cambio. 


Acuerdos y disputas por el agua 


La abundancia de agua en los alrededores de Tuligtic ha propiciado que a lo largo de generaciones, sus habitantes hayan optado por el uso comunitario de este recurso para riego y consumo familiar, una gestión compartida que fue formalizándose y separándose mediante la concesión de sus aguas a través de la solicitud de concesiones ante CONAGUA en 1977 y 1978 respectivamente, culminando con la fracción del pueblo de Tuligtic en 1993 debido a disputas vecinales, pero con la certeza de poseer legalidad ante el Estado sobre lo más valioso para ellos: el agua. No obstante, en este contexto de abundancia hídrica la característica distintiva compartida por nuestras comunidades de Zacatepec y Tuligtic es un profundo respeto y veneración hacia el agua, como fuente de vida, de manera que cada pueblo realiza su propia fiesta a este recurso, naciendo de una tradición común.


Fiesta del agua, celebraciones enemistadas 


Los manantiales que proveen de agua a dichas dos comunidades, dan vida a una fiesta de real importancia, tanto como la patronal tutelar de Tuligtic, dedicada a San Miguel Arcángel. Cada 3 de mayo, los habitantes de estos dos pueblos, agrupados por comunidad, se congregan en torno a los ameles (manantiales) para llevar a cabo una ceremonia de petición de aguas para el ciclo agrícola y de agradecimiento por lo recibido, llevando ofrendas de flores y limpiando cuidadosamente el espacio de los manantiales, siendo la misma comunidad quien se embarca en la tarea de limpiar tanto éstos como las cruces que yacen a sus pies. Es un acto de respeto que trasciende lo físico y simboliza la relación de reciprocidad entre las personas y el agua. En este proceso, los varones se involucran en faenas, mientras que las mujeres asumen la responsabilidad de preparar alimentos para consumir tras los festejos. 

La jornada culmina con una misa oficiada en la tarde del 3 de mayo con la bendición de las cruces, que se pintan y decoran con flores. Los festejos se realizan dentro de los manantiales, en un escenario donde la serenidad del bosque se convierte en el telón de fondo perfecto para la liturgia donde se adora al agua, presentada en yuxtaposición por la cruz. Un notable aspecto de esta celebración es el profundo silencio que la envuelve; este mutismo es más que un simple respeto por la solemnidad del momento, es un esfuerzo consciente por no perturbar el espacio sagrado que están ocupando. El área de los manantiales es tan sagrado como una capilla.

El área de los manantiales es tan sagrado
como una capilla. Foto: Isaura C. García López.

Entidades sobrenaturales del agua entre los nahuas de Ixtacamaxtitlán


En otros escenarios, los humanos intervienen con entidades sobrenaturales; los más temidos por los pobladores son los duendes. Los duendes son aires que convergen dentro de nuestro mundo. Ellos tienen agencia sobre nosotros, pero raramente se les puede ver. Con el siguiente relato caracterizo a estas entidades propias de la cosmovisión de los nahuas ixtacamaxtitlecas:

Los duendes parecen niños, pero no lo son, ellos no pertenecen a nuestro mundo, son aires y viven dentro de la tierra. Siempre se visten muy elegantes, de marineros o charros, son muy parlanchines y traviesos, existen duendes y duendas. Algunas ocasiones bailan y tocan instrumentos como guitarras. Viven en lugares sólidos como peñas o barrancas, pero especialmente donde hay agua como en ríos o tanques. Su habla es torpe, les gusta molestar a los grandes, jugar con los niños y cortejar a las mujeres.

 

Pensemos en estas entidades sobrenaturales propias del agua, como los duendes, y su relación con las personas. Como señala Alfredo López Austin (2016), su composición es imperceptible para las personas en condiciones normales; su presencia depende del estado de vigilia de las personas, en momentos de vulnerabilidad como el sueño, el espanto o la menstruación para las mujeres, el cuerpo es sensible a la intromisión de fuerzas existentes en el entorno. Su agencia es aplicable sobre el mundo perceptible, con acciones que pueden ser captadas por las personas. 

Los encuentros que pueden tener las personas con los duendes se agrupan bajo estructuras argumentativas que David Lorente titula 'lecciones'. Éstas se componen de distintos momentos: primero, alguien se acerca a un cuerpo de agua; luego, continúa con la perturbación del entorno sagrado que suponen los ameles. En este momento, los duendes causan 'mal de aire' al intruso y éste comienza a experimentar malestares. Al saber de la enfermedad, sus cercanos deben realizar un ritual de llamamiento porque su espíritu, su sombra, se ha quedado con los duendes. Finalmente, esperando la recuperación de la persona, se debe compensar a los duendes por los daños causados, disculpándose con ofrendas materiales como muñecos de trapo, comida o dulces. 

En el proceso de curación se identifican cinco momentos cruciales; se recurre al siguiente elemento de auxilio en caso fallido del anterior. Primero, debe realizarse una limpia al enfermo; después, encerrar al enfermo porque de noche los duendes lo sacan de su casa; posteriormente se debe varear (golpear) la tierra donde viven los duendes para que le devuelvan el espíritu de la persona; también se le debe llamar gritando su nombre dentro de un cántaro para que el eco llegue a las profundidades de la tierra donde la esencia del afectado se encuentra encerrada; para evitar nuevos episodios catastróficos, se finaliza haciendo ofrendas a los señores del agua, las cuales consisten en objetos materiales como muñecos de trapo, dulces y juguetes. 

Añado a colación una de estas lecciones que es contada por los mayores a los niños de la comunidad para evitar que perturben el agua:

Había una niña que salía junto a sus hermanos a diario, mientras ellos pastoreaban el ganado ella se divertía en un río con una pequeña caída de agua, ella entró ahí y se encontró con el lugar donde viven los duendes. La invitaron a jugar, ella accedió y su espíritu quedó ligado al agua, enfermando gravemente. A pesar de los intentos de los padres para salvarla con ofrendas y llamados, los duendes finalmente se la llevaron a su morada subterránea, dentro del Miquixochio.

 

Como vemos, este contexto provoca que las personas siempre estén alerta en una zona serrana llena de riachuelos, manantiales y represas; así se previenen malas acciones hacia el agua y esto motiva su conservación. Aunque tristemente no siempre ocurre así y aunque existen ciertas medidas precautorias y una fiesta dedicada al agua pidiendo su abundancia mediante ritos y festejos calendáricos, hay un elemento de la cosmovisión nahua en Ixtacamaxtitlán que se va difuminando en la memoria: la existencia de Topohui. Es una criatura cosmogónica de suma importancia para la población de Tuligtic. Este mito persiste dentro de los habitantes de la comunidad: 


En los manantiales de La Ermita, en Tuligtic, existió una criatura, como un animalito muy bonito de colores, una mezcla entre lagarto y pez que se encargaba de cuidar el agua. Era muy anciano, decían que él había traído el agua aquí desde el inicio de los tiempos, nadie sabe cuándo llegó ni de dónde, era muy pacífico y protegía las aguas, como un guardián. Solamente algunas personas podían hablar con él, otros le tenían miedo, pero especialmente mucho respeto, nadie lo molestaba y vivía tranquilo dentro de los manantiales. Pero un día se fue y nunca más volvió, se auguraba que cuando esto pasara, el agua se volvería escasa y así ha ocurrido, desde su partida ha disminuido mucho el agua que brota del Miquixochio.

 

Con la partida de Topohui, el flujo de agua comenzó
a dismiuir de manera preocupante.. Foto: Isaura C. García López.

La presencia de esta misteriosa criatura es tan antigua como los propios manantiales, aunque los habitantes de la comunidad no pueden precisar cuándo llegó a este lugar ni cuál era su verdadero origen. Se le atribuye a Topohui la llegada del agua al mundo, además de un carácter sereno y pacífico como un viejo cuya labor era la de proteger y preservar las aguas que emanaban de las profundidades de la tierra. Topohui adoptaba un papel paternalista de protección, siendo considerada la montaña Miquixohio (donde vivía) como una madre que es dadora de vida y proveedora de agua. 

Lo que hace aún más enigmática a esta criatura es la limitada comunicación que sostenía con las personas, solo algunos privilegiados con el don de entender su lenguaje podían entablar un diálogo con Topohui. Para otros, su presencia evocaba un sentimiento de temor, aunque predominaba sobre todo un profundo respeto hacia este singular ser. Nadie se atrevía a perturbar la paz de los manantiales ni a cuestionar su autoridad sobre el agua que custodiaba con celo. Vivía en armonía con el entorno, su presencia era constante entre las rocas de los manantiales, saliendo a veces de día y refugiándose dentro de las aguas la mayor parte del tiempo, las personas narran que bajo los rayos del sol sus escamas eran preciosas, de muchos colores y brillaban tanto como el mismo sol.  

Sin embargo, un fatídico día, esta criatura decidió emprender su partida, dejando atrás un profundo misterio e incertidumbre. Según cuenta la historia, con su marcha, el flujo de agua comenzó a disminuir de manera preocupante. Desde entonces, la comunidad ha enfrentado un desafío constante: la reducción continua de los caudales emanados del Miquixochio, una manifestación tangible de la profunda conexión entre esta criatura con el agua, quien se fue por el mal trato que daban los hombres a la naturaleza. 

Ahora bien, podemos caracterizar a este mito de Topohui a partir de puntos centrales, Jaime Echevería (2020) propone elementos nucleares para esta comprensión, partiendo de su narrativa simbólica que posibilita una explicación cosmogónica sobre el origen de las cosas del mundo, en este caso particular el origen del agua, este mito posee una función moralizante al transmitir normas que dan cohesión social, pues se esclarece la importancia del cuidado del agua a partir de la figura de esta entidad sagrada, que a pesar del paso del tiempo mantiene validez ante la comunidad y se conserva en la memoria. 

Topohui legitimó su autoridad simbólica ante las poblaciones, su idea permitió establecer mecanismos comunes de comportamiento en los manantiales como espacios sagrados, la vigencia que mantuvo al transcurso de los años refleja que el cuidado del agua es una preocupación determinante para la comunidad. Para los habitantes de Tuligtic, la partida de Topohui marcó un cambio drástico en su entorno y sus entramados con la naturaleza, las tierras que antes se caracterizaban por su fertilidad se volvieron más secas y el flujo de agua de los manantiales disminuyó notablemente. Esta transformación fue interpretada por la comunidad como una señal de la molestia y castigo de Topohui hacia los seres humanos.


*Estudiante de la licenciatura en Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP y cronista del municipio de Ixtacamaxtitlán, Puebla. 


Un pequeño ameyal, casi seco. Foto: Isaura C. García López.

 

Bibliografía: 

      Beaucage, P. (2022). Cosmologías nahua (maseual) y totonaca (tutunakú) de la Sierra Norte de Puebla (México). Segunda parte: las ‘almas’, los dueños, las fuerzas maléficas | Anales de Antropología. https://revistas.unam.mx/index.php/antropologia/article/view/76853

      Benítez, A. (2022). Los “aires” y los conceptos de salud-enfermedad entre los pueblos del estado de Morelos durante la primera mitad del siglo XX | Revista Escripta. https://revistas.uas.edu.mx/index.php/Escripta/article/view/345

      Fernández, D. (2012). “Amores de manantial”. Un episodio nahua de curación en la Sierra de Texcoco. Tlalocan. https://revistas- fillologicas.unam.mx/tlalocan/index.php/tl/article/view/221

      López A. (2015). Las razones del mito: la cosmovisión mesoamericana. Ediciones Era.

      Lorente, D. (2006). Infancia nahua y transmisión de la cosmovisión: los ahuaques o espíritus pluviales en la Sierra de Texcoco (México). Boletín de Antropología Universidad de Antioquia , 20 (37), 152-168. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55703708

      Lupo, A. (1999). Aire, viento, espítitu. Reflexiones a partir del pensamiento nahua. Universidad de Roma. https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=rUOaUJiP1m4C&oi=fnd&pg=PA229&dq=a gua+nahuas&ots=MpuzEYyuow&sig=_h1wkF87A14MYqhGkKOzBkpP6Ac#v=onepage &q=agua%20nahuas&f=false

      Márquez, E. (2010). La Fiesta de los Manantiales. Una aproximación al cambio y continuidad de la tradición religiosa entre los nahuas de Pahuatlán | Estudios Mesoamericanos. https://revistas-filologicas.unam.mx/estudios-  mesoamericanos/index.php/em/article/view/41

      Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (1977). Título de concesión que se otorga a favor de un grupo de vecinos del pueblo de Tuligtic, parte alta, para aprovechar en riego las aguas mansas de los manantiales Amelteno y Atequiza, ubicados en el Municipio de Ixtacamaxtitlán,      Pue.     Diario   Oficial  de la Federación.  https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4667530&fecha=16/12/1977&print=true

      Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (1978). Titulo de concesión que se otorga a favor de un grupo de pequeños propietarios vecinos del barrio de Tuligtic, parte baja, Municipio de Ixtacamaxtitlán, Estado de Puebla. Diario Oficial de la Federación. https://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4691026&fecha=10/03/1978&print=true

 


lunes, 4 de noviembre de 2024

Danza de los Paxtles en Chignautla, Puebla


La Danza de los Paxtles es poco común, sólo existe otra de este tipo 
en el Estado de Jalisco. 

  Augusto Díaz*

Fotografías: Heriberto Cano**

Se cree que la danza de los Paxtles, originaria del municipio de Chignautla, cuyo nombre significa  lugar de las nueve aguas o nueve manantiales y se encuentra ubicado en la zona Nororiental del estado, a 15 minutos de Teziutlán, es de origen prehispánico, aunque se desconoce su fecha de inicio, sin embargo por la actividad dancística que se efectúa, parte de un sistema de ordenación del tiempo, es decir un periodo festivo que está asociado con el ciclo agrícola. Esta danza se presenta junto con otras 8 danzas más en las fiestas patronales de septiembre en honor a san Mateo Apóstol, patrono del pueblo.

Debido a las diferentes manifestaciones en torno a la cultura del maíz en México, podemos interpretar que los danzantes son como los guardianes de los sembradíos, debido a que se camuflaban con heno para pasar desapercibidos y confundirse con el entorno natural. En las espaldas portan animales disecados que afectan los cultivos, como pájaros, zorros, mapaches, tejones, conejos, entre otros, que se alimentan de esta semilla.

Los pasos de la danza son lentos, suaves y sencillos, seguramente porque representan el resguardo del maíz y la cacería, ya que cumplían con una doble función cuidar la siembra y alimentarse de los animales que invadían los terrenos. También se les asocia con el frio, cansancio, malestar y la inactividad, la falta de luz solar en los cortos días de invierno, provocando el sueño temporal. Con la estampa dancística y musical se espera la floración y la nueva luz de la primavera.

La danza de los Paxtles tiene doce sones; entre los más relevantes son el de Cortesía, El Trenecito y Las Palmadas, entre otros, acompañados con la música de un violín y un bajo quinto o sexto.


La danza va acompañada por 12 sones interpretados por 
violín y bajo quinto o sexto.  


         Algunos abuelos les llaman cutson huehuetsin, (troncos viejos) los cuales son invadidos de un hongo parásito llamado paxtle (heno), en la temporada invernal, en donde los animales hacen sus nidos.

Otros festivales, celebraciones y rituales de Chignautla ocurren en invierno, en la noche más larga del año, concretamente el 21 de diciembre, en la cual se pide floración perpetua, brillante iluminación, la comunión con el prójimo, evitar el malestar, reiniciar el reloj interno y reavivar el espíritu humano.

El ciclo anual se basa en la renovación periódica del cosmos, la muerte y el nacimiento del sol y la luna, así como la posición de los planetas y las estrellas están ampliamente relacionados con la agricultura, de tal forma que es primordial su participación en el solsticio de invierno, ya que se realiza una ceremonia de renovación y renacimiento.

A esta danza se le relaciona también con la renovación del fuego e inicio del año, ya que nuestros antepasados se regían por un calendario lunar que utilizaban también para la agricultura  de manera que el año tenía 360 días, es decir, 18 meses de veinte días cada uno más 5 días de mal agüero, sumando un total de 365 días, mientras que el siglo tenía 52 años.

A la llegada de los españoles, después de ser sometidos en el aspecto militar, los indígenas son también conquistados por lo espiritual, a través de la religión católica; los frailes sustituyeron a sus dioses por los santos cristianos. El año indígena empezaba el 1 de febrero y coincidía con la fiesta de la Candelaria el 2 de febrero, en donde la velas hacen referencia al fuego.

Como se sabe, para nuestros antepasados el maíz era de suma importancia para el sustento y su ciclo de siembra tenía que ver con aspectos de la cosmogonía ancestral. Es por ello que el complemento de la vestimenta de los danzantes tiene un significado, por ejemplo la banda azul que llevan al pecho  simboliza lo celeste; y la faja o pañoleta que llevan a la cintura en color rojo simboliza la vida. En algunas ocasiones este color puede ser rosado, y representa lo terrenal, resultante de la unión entre el cielo y la tierra, que da paso a la vida.


Participan hombres vestidos de mujer, como Maringas, que representan
a la Malinche o Doña Marina, quien fungió como intérprete a los españoles. 

Este tipo de interpretación cultural no es muy común en el país, pues sólo se conoce otra danza de Paxtles en el estado de Jalisco, además de la que hacemos referencia en el municipio de Chignautla.

Esta danza se había dejado de ejecutar, y se rescató por parte del grupo cultural Cayecualcan que quiere decir “ya es tiempo”, en el año 2005 para ser precisos el 7 de septiembre en la fiesta de la virgen de la Natividad, oficializándose su rescate en el año 2006, por gestiones de este grupo cultural ante la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) del centro coordinador de Teziutlán.

El presidente del grupo cultural participó con la administración 2005- 2008 a cargo del maestro Isidro González Molina, como director de Cultura, colaborando en el trabajo de rescate en conjunto con Cayecualcan. Primero investigó quienes fueron los participantes de antaño, ya que la danza había dejado de ejecutarse entre los años de 1986 y 1987. El señor David Ángel León, artista plástico guió al rescatista de la danza con el señor Rosario García Camacho para que diera información sobre los elementos principales de la danza, mismo que recomendó a don Rosario Castro Lucas, persona que sabía los pasos y sones de los Paxtles y quien se convertiría en maestro de la danza. Algo curioso es que él era un poco sordo y no sabia tocar los instrumentos, pero enseñó con silbidos todos los sones en el violín al señor Ramón Castro Aquino, acompañando a éste en el bajo sexto el señor Epifanio.

Rosario Castro, enseñó todos los pasos a los nuevos integrantes de la danza, algunos eran ya de edad y también habían participado en la danza en aquellos años antes de su desaparición por casi 20 años, como don Marcelo. El señor Ramón, contó que cuando era joven habían ido a participar a Bellas Artes en la Ciudad de México con esta danza, lo cual se constató, porque se enteraron los maestros que estuvieron involucrados en este viaje y participación, como José Luis Sagredo, junto con otros de sus compañeros de la facultad de Etnocoreología de la BUAP. Estuvieron en Chignautla, justo porque se enteraron del rescate de los Paxtles y el profesor Sagredo entregó un disco con la música de los 12 sones de la danza, grabada precisamente en esta participación en México en 1986, a los señores Ramón Castro, Augusto Díaz, promotor del rescate de la danza, a Roberto Ramón hijo del músico que participó en la grabación en Bellas Artes, así como a don Epifanio, y no solo eso, también entregó un cuadernillo que contiene la música de la danza de los Paxtles en partituras.

La vivencia de Augusto Díaz y la señora Rodolfa Bautista Perfecto, miembro del Grupo Cultural Cayecualcan, fue inolvidable, después de visitar a Don Rosario García para preguntarle si él sabía quiénes fueron los que participaron en la danza de los Paxtles en 1986, terminó siendo el encargado de la danza, confirmado por una comisión enviada por el presidente municipal, a lo que el señor Rosario García accedió junto con su esposa y sus hijos.

La danza de los Paxtles fue rescatada en 2005, después de 20 años de haber 
desaparecido de las celebraciones.

Después de que aceptaron la propuesta de ser encargados, vino el trabajo de salir por las tardes, mañanas o noches para invitar a los que conformarían la danza, si eran niños, pedirles el favor a sus papas, si eran jóvenes mayores pues ellos tendrían que tomar la decisión, pero claro siempre estando sus papas presentes y si eran casados pues tomar la decisión junto con sus esposas.

Para pedir el favor siempre se llevaba el cigarro y el aguardiente por delante para ofrecerle antes de decirle de qué se trataba, posteriormente se le decía el objetivo de la visita. Al aceptar se les ofrecía otro cigarro y más aguardiente; a los niños se les ofrecía refresco y los padres eran los que daban el permiso a sus hijos.

Se trataba de manera especial a los que participarían como “Maringas”, éstas representan a la Malinche o Doña Marina, la mediadora entre los españoles y los de origen. A estos muchachos se les llevaba una canasta con pan y una pequeña despensa para pedirles el favor que participaran en la danza. Algunas danzas del municipio tienen una “Maringa”, y lo que hasta hoy no se sabe es por qué la danza de los Paxtles lleva tres. El atuendo de éstas consta de una falda rosada con tablones, camisa de labor, faja o paxa, dos rebozos de hilo negro cruzados, aretes grandes, cabellera con trenzas largas, sombrero y un “macole” o canasta de mano.

Del mismo modo se invita a los Pilatos o paisanos, principalmente al mayortsin, con canasta de pan y una pequeña despensa para pedir el favor, y él se encarga de buscar a sus colaboradores y se nombran segundo, tercero y cuarto. El cometido de ellos es resguardar a la danza mientras ejecuta su actividad dancística. Su atuendo consta de ropa negra, principalmente, pantalón, camisa, chaleco, sombrero, pañoletas y pañuelos con los que se cubren la cara y una máscara de cuero, así como un chicote o fuete en las manos y un tambor que toca los sones de identificación de la danza. Cabe mencionar que este instrumento no es parte de los sones principales de los Paxtles, sólo identifica al grupo y también cuenta con varios sones de identificación entre los otros que participan en las fiestas del pueblo, mismos que tienen también sus propios grupos de Pilatos o paisanos con sus propios sones.

Los Pilatos también se encargan de ir a pedir favor a la persona que se dedica a decorar o adornar el pendón, como un estandarte elaborado de flores hechas con papel de estaño, tela y madera, el cual identifica a la danza dentro de las procesiones en honor al santo patrón san Mateo Apóstol.

El mayortsin cuando recoge el pendón va con la danza y bailan unos sones en la casa de la persona que decoró el estandarte y posteriormente el Pilato mayor tiene que dar de comer a todos los danzantes y su familia como si fuera un mayordomo, ofreciendo mole y arroz.

De la misma forma, el encargado hace lo mismo en su casa al término de las fiestas del pueblo, que son a mediados de octubre, ceremonia llamada despedida, acto en el cual se despide cada danzante de las autoridades civiles y posteriormente de las imágenes de los santos de su devoción dentro de la iglesia, agradeciendo al presidente municipal y a los regidores el apoyo, porque les compran zapatos y parte de su atuendo para que participen en las fiestas del pueblo; a los encargados les da maíz y leña para que den de comer a los participantes de las danzas en los meses de julio y agosto, durante los siete ensayos que deben tener antes de su participación en los meses de septiembre y octubre.

En la madrugada se trasladan a la casa del encargado donde bailan el Xochipitsauat (baile de la flor), signo de respeto y fraternidad. Allí después de la ceremonia, el danzante más pequeño, un niño de aproximadamente cinco años de edad se va pasando de brazos en brazos de todos los que bailan, como símbolo de cumplimiento. Posterior a ello por parte de los encargados se sirve mole y arroz para la convivencia, también se sirve aguardiente y se reparten cigarros, terminando dicha ceremonia hasta las seis o siete de la mañana.

Es así como se hacen las celebraciones en el municipio de Chignautla, Puebla. Son muy bonitas las costumbres y tradiciones porque en ellas está la verdadera identidad, se nota la solidaridad y la unión de toda una comunidad. Esto es sólo es una breve descripción de la danza de los Paxtles y su significado para  sus habitantes. 


*Cronista municipal de Chignautla, Puebla.

**Fotógrafo. Ha participado en el registro de la danza desde el año 2005.