Augusto Díaz*
Fotografías: Heriberto Cano**
Se cree que la danza de los Paxtles, originaria del municipio de Chignautla, cuyo nombre significa lugar de las nueve aguas o nueve manantiales y se encuentra ubicado en la zona Nororiental del estado, a 15 minutos de Teziutlán, es de origen prehispánico, aunque se desconoce su fecha de inicio, sin embargo por la actividad dancística que se efectúa, parte de un sistema de ordenación del tiempo, es decir un periodo festivo que está asociado con el ciclo agrícola. Esta danza se presenta junto con otras 8 danzas más en las fiestas patronales de septiembre en honor a san Mateo Apóstol, patrono del pueblo.
Debido a las diferentes manifestaciones en torno a la cultura
del maíz en México, podemos interpretar que los danzantes son como los
guardianes de los sembradíos, debido a que se camuflaban con heno para pasar desapercibidos
y confundirse con el entorno natural. En las espaldas portan animales disecados
que afectan los cultivos, como pájaros, zorros, mapaches, tejones, conejos,
entre otros, que se alimentan de esta semilla.
Los pasos de la danza son lentos, suaves y sencillos,
seguramente porque representan el resguardo del maíz y la cacería, ya que
cumplían con una doble función cuidar la siembra y alimentarse de los animales
que invadían los terrenos. También se les asocia con el frio, cansancio,
malestar y la inactividad, la falta de luz solar en los cortos días de
invierno, provocando el sueño temporal. Con la estampa dancística y musical se
espera la floración y la nueva luz de la primavera.
La danza de los Paxtles tiene doce sones; entre los más
relevantes son el de Cortesía, El Trenecito y Las Palmadas, entre otros,
acompañados con la música de un violín y un bajo quinto o sexto.
Algunos abuelos les llaman cutson huehuetsin, (troncos viejos) los cuales son invadidos de un hongo parásito llamado paxtle (heno), en la temporada invernal, en donde los animales hacen sus nidos.
Otros festivales, celebraciones y rituales de
Chignautla ocurren en invierno, en la noche más larga del año, concretamente el 21 de diciembre, en la cual se pide floración perpetua,
brillante iluminación, la comunión con el prójimo, evitar el malestar,
reiniciar el reloj interno y reavivar el espíritu humano.
El ciclo anual se basa en la renovación periódica del cosmos,
la muerte y el nacimiento del sol y la luna, así como la posición de los
planetas y las estrellas están ampliamente relacionados con la agricultura, de
tal forma que es primordial su participación en el solsticio de invierno, ya
que se realiza una ceremonia de renovación y renacimiento.
A esta danza se le relaciona también con la renovación del fuego e inicio del año, ya que nuestros antepasados se regían por
un calendario lunar que utilizaban también para la agricultura de manera que el año tenía 360 días, es decir,
18 meses de veinte días cada uno más 5 días de mal
agüero, sumando un total de 365 días, mientras que el siglo tenía 52 años.
A la llegada de
los españoles, después de ser sometidos en el aspecto militar, los indígenas son
también conquistados por lo espiritual, a través de la religión católica; los
frailes sustituyeron a sus dioses por los santos cristianos. El año indígena
empezaba el 1 de febrero y coincidía con la fiesta de la Candelaria el 2 de
febrero, en donde la velas hacen referencia al
fuego.
Como se sabe, para
nuestros antepasados el maíz era de suma importancia para el sustento y su ciclo de siembra tenía
que ver con aspectos de la cosmogonía ancestral. Es por ello que el complemento
de la vestimenta de los danzantes tiene un significado, por ejemplo la banda
azul que llevan al pecho simboliza lo
celeste; y la faja o pañoleta que llevan a la cintura en color rojo simboliza
la vida. En algunas ocasiones este color puede ser rosado, y representa lo
terrenal, resultante de la unión entre el cielo y la tierra, que da paso a la
vida.
Este tipo de interpretación cultural no es muy común en el país, pues sólo se conoce otra danza de Paxtles en el estado de Jalisco, además de la que hacemos referencia en el municipio de Chignautla.
Esta danza se había dejado de ejecutar, y se rescató por parte del grupo cultural Cayecualcan que quiere decir “ya es tiempo”, en el año 2005 para ser precisos el 7 de septiembre en la fiesta de la virgen de la Natividad, oficializándose su rescate en el año 2006, por gestiones de este grupo cultural ante la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) del centro coordinador de Teziutlán.
El presidente del
grupo cultural participó con la administración 2005- 2008 a cargo del maestro
Isidro González Molina, como director de Cultura, colaborando en el trabajo de
rescate en conjunto con Cayecualcan. Primero investigó quienes fueron los participantes
de antaño, ya que la danza había dejado de ejecutarse entre los años de 1986 y
1987. El señor David Ángel León, artista plástico guió al rescatista de la
danza con el señor Rosario García Camacho para que diera información sobre los
elementos principales de la danza, mismo que recomendó a don Rosario Castro
Lucas, persona que sabía los pasos y sones de los Paxtles y quien se
convertiría en maestro de la danza. Algo curioso es que él era un poco sordo y
no sabia tocar los instrumentos, pero enseñó con silbidos todos los sones en el
violín al señor Ramón Castro Aquino, acompañando a éste en el bajo sexto el señor
Epifanio.
Rosario Castro, enseñó todos los pasos a los nuevos integrantes de la danza, algunos eran ya de edad y también habían participado en la danza en aquellos años antes de su desaparición por casi 20 años, como don Marcelo. El señor Ramón, contó que cuando era joven habían ido a participar a Bellas Artes en la Ciudad de México con esta danza, lo cual se constató, porque se enteraron los maestros que estuvieron involucrados en este viaje y participación, como José Luis Sagredo, junto con otros de sus compañeros de la facultad de Etnocoreología de la BUAP. Estuvieron en Chignautla, justo porque se enteraron del rescate de los Paxtles y el profesor Sagredo entregó un disco con la música de los 12 sones de la danza, grabada precisamente en esta participación en México en 1986, a los señores Ramón Castro, Augusto Díaz, promotor del rescate de la danza, a Roberto Ramón hijo del músico que participó en la grabación en Bellas Artes, así como a don Epifanio, y no solo eso, también entregó un cuadernillo que contiene la música de la danza de los Paxtles en partituras.
La vivencia de
Augusto Díaz y la señora Rodolfa Bautista Perfecto, miembro del Grupo Cultural Cayecualcan, fue inolvidable, después de
visitar a Don Rosario García para preguntarle si él sabía quiénes fueron los
que participaron en la danza de los Paxtles
en 1986, terminó siendo el encargado de la danza, confirmado por una comisión
enviada por el presidente municipal, a lo que el señor Rosario García accedió
junto con su esposa y sus hijos.
Después de que aceptaron la propuesta de ser encargados, vino el trabajo de salir por las tardes, mañanas o noches para invitar a los que conformarían la danza, si eran niños, pedirles el favor a sus papas, si eran jóvenes mayores pues ellos tendrían que tomar la decisión, pero claro siempre estando sus papas presentes y si eran casados pues tomar la decisión junto con sus esposas.
Para pedir el favor siempre se llevaba el cigarro y el aguardiente por delante para ofrecerle antes de decirle de qué se trataba, posteriormente se le decía el objetivo de la visita. Al aceptar se les ofrecía otro cigarro y más aguardiente; a los niños se les ofrecía refresco y los padres eran los que daban el permiso a sus hijos.
Se trataba de manera especial a los que participarían como “Maringas”, éstas representan a la Malinche o Doña Marina, la mediadora entre los españoles y los de origen. A estos muchachos se les llevaba una canasta con pan y una pequeña despensa para pedirles el favor que participaran en la danza. Algunas danzas del municipio tienen una “Maringa”, y lo que hasta hoy no se sabe es por qué la danza de los Paxtles lleva tres. El atuendo de éstas consta de una falda rosada con tablones, camisa de labor, faja o paxa, dos rebozos de hilo negro cruzados, aretes grandes, cabellera con trenzas largas, sombrero y un “macole” o canasta de mano.
Del mismo modo se invita a los Pilatos o paisanos, principalmente al mayortsin, con canasta de pan y una pequeña despensa para pedir el favor, y él se encarga de buscar a sus colaboradores y se nombran segundo, tercero y cuarto. El cometido de ellos es resguardar a la danza mientras ejecuta su actividad dancística. Su atuendo consta de ropa negra, principalmente, pantalón, camisa, chaleco, sombrero, pañoletas y pañuelos con los que se cubren la cara y una máscara de cuero, así como un chicote o fuete en las manos y un tambor que toca los sones de identificación de la danza. Cabe mencionar que este instrumento no es parte de los sones principales de los Paxtles, sólo identifica al grupo y también cuenta con varios sones de identificación entre los otros que participan en las fiestas del pueblo, mismos que tienen también sus propios grupos de Pilatos o paisanos con sus propios sones.
Los Pilatos
también se encargan de ir a pedir favor a la persona que se dedica a decorar o
adornar el pendón, como un estandarte elaborado de flores hechas con papel de estaño,
tela y madera, el cual identifica a la danza dentro de las procesiones en honor
al santo patrón san Mateo Apóstol.
El mayortsin cuando recoge el pendón va con
la danza y bailan unos sones en la casa de la persona que decoró el estandarte
y posteriormente el Pilato mayor tiene que dar de comer a todos los danzantes y
su familia como si fuera un mayordomo, ofreciendo mole y arroz.
De la misma forma, el encargado hace lo mismo en su casa al término de las fiestas del pueblo, que son a mediados de octubre, ceremonia llamada despedida, acto en el cual se despide cada danzante de las autoridades civiles y posteriormente de las imágenes de los santos de su devoción dentro de la iglesia, agradeciendo al presidente municipal y a los regidores el apoyo, porque les compran zapatos y parte de su atuendo para que participen en las fiestas del pueblo; a los encargados les da maíz y leña para que den de comer a los participantes de las danzas en los meses de julio y agosto, durante los siete ensayos que deben tener antes de su participación en los meses de septiembre y octubre.
En la madrugada
se trasladan a la casa del encargado donde bailan el Xochipitsauat (baile de la flor), signo de respeto y fraternidad.
Allí después de la ceremonia, el danzante más pequeño, un niño de
aproximadamente cinco años de edad se va pasando de brazos en brazos de todos
los que bailan, como símbolo de cumplimiento. Posterior a ello por parte de los
encargados se sirve mole y arroz para la convivencia, también se sirve
aguardiente y se reparten cigarros, terminando dicha ceremonia hasta las seis o
siete de la mañana.
Es así como se hacen las celebraciones en el municipio de Chignautla, Puebla. Son muy bonitas las costumbres y tradiciones porque en ellas está la verdadera identidad, se nota la solidaridad y la unión de toda una comunidad. Esto es sólo es una breve descripción de la danza de los Paxtles y su significado para sus habitantes.
*Cronista municipal de
Chignautla, Puebla.
**Fotógrafo. Ha participado
en el registro de la danza desde el año 2005.




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